IGNORANCIA O ALEVOSÍA: LUÍS ARISTIMUÑO

La maldad humana es materia de difícil estudio y clasificación porque depende de la perspectiva del observador, del medio social (y sus principios legales) y aun de quien la ejecuta. Decir con propiedad de alguien que actúa por maldad es demostrar no solamente el daño causado y sus consecuencias sino también los motivos del causante. Y a esto sigue otra cuestión inquietante: la maldad más extrema es la que se infringe sin motivos. Es lo que ha quedado establecido en algunos intentos por cuantificarla, como es el caso del Dr. Michael Stone, siquiatra forense de la Universidad de Columbia, quien desarrolló un “índice de maldad” entre asesinos seriales, cuyas mayores puntuaciones las obtienen los criminales con estados sicopáticos agudos, que desarrollan una absoluta frialdad e indiferencia ante el sufrimiento humano. Y a todas estas, ¿cuáles son los motivos del régimen venezolano? Esta interrogante me persigue desde que observo al chavismo de manera sistemática. Y es que las actuaciones de su liderazgo, causantes del exterminio de sus compatriotas, tienen una característica: tornan difícil decidir si se deben a una congénita brutalidad (en el sentido de ‘ignorancia’; lo que se aproxima a “la banalidad” en Hannah Arendt) o a una calculada premeditación. El ciudadano, que tiende al bien, piensa: “No es posible que quienes gobiernan puedan ser tan malos”. O “No pueden ser tan brutos para no enterarse de lo que nos están causando”. Y esta indecisión para juzgarla y enfrentarla (como les pasó a los líderes de oposición, quienes creyeron que terminaría entrando por el aro de las leyes) es donde reside la mortífera eficiencia del Pranato criminal chavista para causar el más numeroso éxodo desde un país latinoamericano. Un ejemplo reciente de esta eficacia son sus supuestas y recientes “medidas económicas”. Cuando se hacen algunas inferencias para tratar de explicarse el punto de vista oficial para echarlas a andar, uno queda sumido en la ya dicha incertidumbre: ¿parten de un simple cálculo matemático para creer que, al incrementar los sueldos en tan alto porcentaje, el trabajador podrá adquirir una cesta de productos regulados al mes, conservar estables esos precios, que las pocas empresas se mantengan y, en fin, equilibrar la economía? Y en ese mismo orden de ideas: ¿de verdad creen que el Petro es o funciona como una criptomoneda con alguna efectividad? ¿Cuáles mecanismos les hace creer que un mercado de divisas es aquel donde se pueden vender dólares pero no se pueden comprar? O, ya en la búsqueda de motivos, ¿su fin último es terminar de hundir el país para conseguir lo que creen su única salida, una confrontación caótica con baño de sangre incluido que borre sus culpas? Lo irónico de todo esto es que una aporía parece perseguirlos, para su desgracia y la de sus descendientes, aunque también para nuestra Nación: es imposible determinar cuál de las dos condiciones los hace más reos de la Justicia y aun objetos del desprecio y la vergüenza universales: si la ignorancia o la alevosía.
                                                AUTOR: Luis Aristimuño

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