LA MISERIA DE LOS GOBERNANTES



Uno se apasiona con cada trozo que lee de "Los Miserables" de Victor Hugo. Descubre la compleja naturaleza del hombre, esa que se mueve entre los intereses mezquinos y las ganas de ayudar a los demás. Una dialéctica sin igual.Hay quienes recurren al discurso de la revolución, en nombre del pueblo, tan solo para asirse del poder. Ofrecen un mundo lleno de colorido, el cual requiere previamente sacrificio y dolor. Pero los que llegan a dominar el poder, pronto se olvidan del pueblo, al que solo usan en su nombre para cometer fechorías.
La revolución da para todo, recurre a exaltar las emociones, pero fustiga e intimida con el cadalso. La cuchilla de la guillotina, esa invención del hombre, es símbolo de castigo a los traidores, las bayonetas hacen de las suyas y atraviesan la carne de los adversarios, mientras los fusiles vomitan sus balas para ajusticiar a los antirrevolucionarios. Cualquier trinchera es lugar de intelecto y dolor para parir la sociedad soñada. Pero todo se desvanece en la podredumbre del alma humana. El que tiene el poder quiere más y juega con la miseria del pueblo.
A pesar de esas vicisitudes, no todo está perdido en la razón humana. La sociedad vislumbra almas buenas, hombres de corazón bondadoso que tratan de salir del anonimato. Esos son los que luchan todos los días, aunque suelen ser invisibles. Cuando todo parece perderse y la muerte acecha con fuerza, renace la esperanza. El alba aparece para irradiar de luz el camino que de seguro nos llevará a un destino seguro.

Los miserables seguirán allí mientras no aparezcan los "ángeles terrenales" a quitarle el velo de sus ojos. Son los guardianes de la educación que abrirán el entendimiento de la muchedumbre y rasgarán el velo de la ignorancia. Son los peregrinos de la ética, los que se alzarán con la victoria para llenar de progreso económico y bienestar colectivo con su visión gerencial.

                Profesor Universitario: Jesús Castillo,

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