AMANECÍ CON GANAS VENEZUELA.

        Escrito por Braulio Bermúdez.

         
         "AMANECÍ CON GANAS" de contar una historia, de compartir la vida de la señora María Elena Licet, primogénita y única hembra entre cuatro hermanos que afrontaron una infancia desamparada. Cuesta precisar su edad de tanto que le ha restado durante cada década, estimo que esta mujer lleva más de sesenta años. Ella es madre de siete hijos, seis biológicos y otro con quien la vida la premió (pudiera aumentar la cifra de los adoptivos en mi descripción, sin embargo, me limitaré en resaltar uno).
           A pesar de no conocer los estudios universitarios, solo la educación primaria, la vida le dio una sabiduría que ningún titulo hubiera igualado.
     El temple de su carácter y su capacidad para observar le ha permitido dar las mejores orientaciones a aquellas personas que la han rodeado en las diferentes etapas de las múltiples décadas, ganándose así el respeto y el cariño de sus conocidos.
         Siendo obrera (jubilada actualmente) y soltera en el estado civil, al igual que la mayoría de las madres venezolanas, le tocó sacar adelante a la familia sin el apoyo de ningún hombre, se esforzó en brindarle un hogar confortable a sus hijos y, sobre todo, contribuir en el desarrollo humano y profesional de las tres hembras y los cuatro varones. Sus típicas expresiones “Tú no vendes ni arepa ni empanada”, “De oveja negra solo tienes el color” y “Aquí la bruta soy yo” fueron claves para que, hoy en día, pueda presumir los títulos universitarios de cada uno de ellos.
      María Elena Licet genera admiración para muchos. Cualquier error que haya cometido en su vida (que seguramente cometió), queda minimizado ante todo lo que ha alcanzado e inspirado. Su mayor logro ha sido desafiar a la (s) realidad (es), no detenerse a esperar tiempos mejores, sino contribuir para que estos transcurran. La han visto, han escuchado hablar de ella, saben que es capaz de preparar un banquete con casi nada, y no solo eso, también sentar en su mesa a cualquier necesitado, porque como siempre repite “Donde comía uno, comieron siete”. Esta abuela, madre, hermana e hija es una luchadora incansable, que incluso superando su pesadilla “no quiero que mis hijos tengan la infancia que me tocó vivir”, todavía pretende encaminar a sus nietos bajo las circunstancias más precarias de la sociedad venezolana.
       Ni el imperio ni Maduro podrán contra mí es una expresión que empieza a reiterar esta señora cada vez que se esfuerza en adquirir los productos de la cesta básica en un país donde se disminuye el poder adquisitivo y se practica la violación de los derechos humanos.
      “Bueno”, como aún le dicen aquellos conocidos de infancia (envejecidos), posee una capacidad envidiable de sobreponerse a las situaciones desfavorables. Su síndrome de madre sobreprotectora la sigue impulsando a la complacencia de hijos y nietos, a los encuentros familiares, que aunque no llevan consigo la abundancia de los años anteriores, no pierden la alegría y el gozo que los caracterizan.
       El desenlace de su historia se prolonga, igualmente las circunstancias adversas, porque la diáspora venezolana no solo es un tema controversial de los medios de comunicación o una historia ajena de algún vecino, esta se convierte en un hecho familiar. 
          Con la vejez a puerta, tener que sustituir por interrumpidas o caídas videollamadas a aquellas conversaciones anecdóticas de sus hijos en la mesa del comedor los días domingos mientras los ruidosos nietos corretean el pasillo de la casa blanca, es algo que podría perturbar su tranquilidad. Tal vez nada parecerá imposible para esta mujer, quizás realmente ni el imperio ni Maduro podrán contra ella (como dice); ¡al fin y al cabo!, seguro continuará retando a la realidad, afianzando su confianza en Dios.
         "AMANECÍ CON GANAS" de contar esta historia, una de las millones que se desarrollan a diario en este país, donde los diferentes personajes se cruzan en el mismo contexto de decadencia, en los cuales unos deciden perder las esperanzas y otros no cansarse de luchar.

                                                                         Braulio Bermúdez:                                                             Licenciado en Castellano, egresado de la Universidad de Oriente                                        Coordinador general de CECAL Santa Ines, programa del                                                                               movimiento Fe y Alegría.                                                                                                                  Coordinador Regional de la Fundación Centro Gumilla en el                                                                estado Sucre y coordinador del proyecto Reto País de la UCAB en                                                          el estado Sucre .


                   

                                     
                            
                                   

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1 comentario

  1. EX celeste artítulo! ... creo q es la realidad de muchas madres venezolanas.. la vida misma nos coloca una carga extra de estrés y solo nuestra actitud y nuestra familia nos ayudan a transitar esta realidad. Me sentí identificada como mamá soltera venezolana. 😊

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