Autor: Raùl Urbaneja.
Con los últimos acontecimientos ocurridos en el país el gobierno ilegítimo de Maduro quedó certificado como una neodictadura más del presente siglo. Nuestra Venezuela, además de conocerse como país de las mujeres bellas, ahora también será conocida como donde los detenidos políticos por un cuerpo de seguridad del Estado son sometidos a fuertes torturas hasta producirle la muerte. En caso de no ser sometidos a este suplicio son lanzados de un décimo piso de un edificio. Y los que protestan por una simple solicitud del gas doméstico les disparan en la cara hasta afectarle los ojos y perder la vista.
Así la tenemos con esta gestión que se autocalifica como enmarcada en el “socialismo del siglo XXI”, pero si a ver vamos de éste no tiene ni una pizca. Aunque algunos “interesadamente”, a nuestro parecer, le siguen el juego al gobierno calificándola de tal, a pesar de lo remoto para cumplir con dicha cualidad.
El informe de Bachelet sobre derechos humanos en el país presentado en la ONU fue la gota que rebosó el vaso y muchos países como Italia que estaban indecisos en cuanto a lo que ocurría en Venezuela han fijado posición y han exigido que se respeten los derechos humanos por parte del gobierno y sus cuerpos de seguridad. De igual modo, el recién instalado gobierno en Grecia reconoce a Guaidó como el presidente legítimo.
Estos graves incidentes han conducido al Grupo de Contacto Internacional, Grupo de Lima, Unión Europea, ONU y OEA, entre otros, a acelerar los preparativos para llegar a un acuerdo entre la representación oficialista y la oposición venezolana, de modo que el mismo lleve paz, armonía, progreso, democracia y respeto de los derechos humanos a todos los venezolanos.
Se espera por parte de los venezolanos que el principal acuerdo al que se llegue en esta ronda de conversaciones, al que el gobierno asiste por la presión internacional, efectuada tanto en Oslo (Noruega) como en Barbados sea el de realizar elecciones libres como vía expedita para solucionar la grave crisis en la que está inmersa la nación. El sector opositor debe asistir a este diálogo, se espera que sea así, con una estrategia y objetivos definidos para salir triunfante y no cometer el error de diálogos anteriores donde se iba sin esta condición y los diálogos eran un fracaso. Por ello, el gobierno se burlaba del deseo de cambio de los venezolanos y seguía gobernando como si nada.
