CUMANÁ DESDE MI VISTA: ANA LIBERTELLA.



Cumaná  desde mí vista, mientras su costa nos avista,
y nuestra pesca se arruina:

Marinera mariscala,
mi Cumaná mal tratada,
te contemplo de mañana,
y brota en mí la esperanza,
que surca el bote en tus aguas,
mientras persigue la mancha,
tras las sardinas que danzan,
en tus aguas azules claras.

Tu cielo entrelaza,
una cortina pintada,
vislumbrando el horizonte,
más limpio que nuestras francas,
perturbando cual escamas,
la suavidad de la piel,
que descubierta se ve,
al ver tan turbia la zafra.

Encantadas espumas blancas,
 rompen olas entre rocas forjadas,
y lamentos se oyen en  sonatas,
 del yugo que castiga mi patria,
dejando cejada su abatida alma
obscura indolencia,
germinan  al alba,
orquestas sombrías
tu semblanza matan.

Inerte en tu centro,
diviso tu vista,
lágrimas brotan,
sobre mis mejillas,
Cumaná desecha,
mientras su costa divisa,
como su pesca en cantas se arriman,
y una industria fértil se arruina.


En la lonja pesquera,
yace un buque sin nombre ni bandera,
lleno de tripulantes  con alas,
que al infinito observan,
mientras descansan del vuelo
contemplando  la tragedia,
como se hunden uno a uno,
los barcos  de una la flotilla entera.

Corroído por el salitre,
virado en su desastre,
muerto por la matanza
de  una flota en deshace;
o es el arrastre que acaba,
o es el futuro que arrase,
de sueños  marineros,
que hoy navegan sin compases.


Peri-cantar, Isla Ballena,
Cristian, Goya, María Ángela y Rita Stella,
almas en penas y marinos sin roles,
llenos de sueños sin zarpe,
ven  destruir  a su arte,
de  tradición y semblanza,
de un pueblo de pescadores,
hoy dedicado a la caza.

Con la mirada perdida,
un cuidador de promesa,
cuenta arboles soldados a la tragedia,
cuyos troncos se fracturan,
como se quiebra su eleva,
y  las raíces cuarteadas,
sumergen popa y babor,
mientras el puente va cayendo,
dejando a flote estribor.

Las carencias y sus  desastres,
decisiones de incapaces,
que nunca vieron la estela,
que navegante a navegante,
dejaron en mi costa bella;
y  ataron con sus cadenas,
las amarras de una flota
exuberante y sincera.

Nos privan hoy de  almacenas.
dejan sin barco y faena:
a pescadores de escuela,
capitanes y cabos de pesca,
que leyendo las estrellas,
llenaban sus  bodegas,
y alimentaban  mi tierra.

Hoy el pueblo muere de hambre,
no tiene vianda en la cena,
ni un corocorito frito,
en la comida mañanera;
la luria y los camarones,
ahora vienen desde afuera,
y una lata de atún,
vale casi una gallina entera.

Catalanas, pargos y tahalíes,
ya se ven en pocas fechas,
son escasos los peñeros
que llegan con  mucha  pesca,
los chinchorros y sus anzuelos
no  abastecen a mi  pueblo,
nos quedamos sin pescao,
sin almadraba  y  pocos barcos pesqueros.

Desde tierra firme, miro el firmamento:
¿cuántas madres en su seno,
corean un mismo  lamento?
¿cuántos mensajes violentos?
¿cuántas muertes sin consenso?
mientras un artesano de playa,
ve su atarraya vacía,
y descuenta su conteo.

El amanecer lo marca,
y  resplandece en la playa,
se arrima la barca al agua,
tras la búsqueda que espanta,
y el productor en su lance,
echa a la mar su atarraya,
encontrando el vacío,
de rocas, conchas y algas.

Navegando la balandra,
en  oración “Madre Santa”,
pidiendo encontrar la pesca,
que migró por la mañana,
cuando arrastra, vino el peñero,
y se llevó las neonatas,
devastando en nacimiento,
el alimento que falta.

Casi a la orilla del pueblo,
casi a la tierra que escapa.
dónde estarán los anzuelos,
si los cercos anudan los filetes
del pescador sin barcaza,
dejando al hombre desnutrido,
sin pescaos ni comida,
para la pobre  poblada.

Dónde estarán,  los que a gritos piden:
“no se lleven la carnada,
dejen que crezcan las crías,
dejen al pez que desove,
no saquen nuestra comida,
que la tierra ya no zafra¨,
¿dónde estarán los dolientes,
de esta urbe  tan ingrata?.


                     Ana María Libertella.
                        Abril de 2015.

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