Escrito por Julio Carozzo Baclini: "Me siento obligado a publicarlo de nuevo ante la impertinencia de quienes han intentado compararlo con el creador de la tragedia que hoy vivimos".
EL SIMÓN BOLÍVAR QUE YO CONOZCO:
El Simón Bolívar que conozco tiene el mismo rostro, sin características diferentes a la que vieron y estudiaron los artistas que lo pintaron e hicieron retratos y bocetos de su anatomía, tampoco es diferente intelectualmente a como lo describen quienes le conocieron de cerca y de lejos.
Es el hombre justo, para otros injusto. Humilde y soberbio, irreverente, intrépido, cauteloso, el héroe, el antihéroe, el hombre de palabra fácil, pero a veces sin respuesta oportuna en el momento preciso.
El Simón Bolívar que me presentaron cuando transitaba la primaria es el que con en el devenir de los años y los hechos se convirtió en una personalidad altiva, pero a la vez igual de humana como la nuestra.
El Simón Bolívar de la independencia, de la libertad, de la inquietud permanente ante la sentencia de la historia, fogoso, revolucionario, solidario, inconforme, positivo, reformador, romántico, filósofo.
Es el hombre justo, para otros injusto. Humilde y soberbio, irreverente, intrépido, cauteloso, el héroe, el antihéroe, el hombre de palabra fácil, pero a veces sin respuesta oportuna en el momento preciso.
El Simón Bolívar que me presentaron cuando transitaba la primaria es el que con en el devenir de los años y los hechos se convirtió en una personalidad altiva, pero a la vez igual de humana como la nuestra.
El Simón Bolívar de la independencia, de la libertad, de la inquietud permanente ante la sentencia de la historia, fogoso, revolucionario, solidario, inconforme, positivo, reformador, romántico, filósofo.
El que conozco es quien asume la dictadura tal como los romanos la instituyeron cuando en determinadas circunstancias para salvar la patria era necesario llamar a alguien capaz de hacerlo y después de lograr su cometido devolver el poder a los organismos legítimamente constituidos.
Ese Simón Bolívar dejo muy claro a todos su apego a las leyes, pero sobre todo es el gestor de las inquietudes políticas, capaz de sumergirse hasta el fondo donde reposan las ruinas y sombras de la patria destruida para emerger con toda fortaleza y reconstruirla, ese que conozco es el guía que protege a su gente y baja hasta la soledad del delirio por una guerra que como todas se escribe con sangre.
El que no escucho a Sucre cuando le propuso que creara un código fundamental para Colombia que la protegiera de los abusos de autoridad y corrupción porque las leyes eran frecuentemente violadas por los militares, ¡Pensó él que su ejemplo bastaría para sembrar la honestidad! Pero tarde, al darse cuenta, que no era así, toma decisiones drásticas apoyadas en el paredón y el patíbulo.
El Libertador se hizo en la historia y con la historia que le dio origen a la República, con ese mismo rostro, con esa misma estatura, con ese mismo pensamiento y con todos los errores cometidos. Es el hombre que vivió solo cuarenta y siete años, y más de la mitad de ellos los paso trajinando a lomo de caballo por la libertad.
El corregidor de desigualdades entre los individuos a través de la educación y el trabajo, el que no acepta propuestas para asociarse en empresas diferentes a la libertad, quien reclama un gobierno justo, sin anarquía, humano y pacífico.
El que en 1820 vuelve los ojos al indio y sin demagogia ni populismo plantea salvarlo, defenderlo, liberarlo, es el mismo que preocupado por el medio ambiente manda a plantar árboles en las vertientes más despobladas de los ríos.
El corregidor de desigualdades entre los individuos a través de la educación y el trabajo, el que no acepta propuestas para asociarse en empresas diferentes a la libertad, quien reclama un gobierno justo, sin anarquía, humano y pacífico.
El que en 1820 vuelve los ojos al indio y sin demagogia ni populismo plantea salvarlo, defenderlo, liberarlo, es el mismo que preocupado por el medio ambiente manda a plantar árboles en las vertientes más despobladas de los ríos.
Este es Simón Bolívar, a quien el “hombre nuevo” no le podrá desdibujar el rostro y el pensamiento, ni contaminar sus huesos con los ritos de la ignorancia, mucho menos reescribir su historia.
Julio Carozzo Baclini.
