ATRACOS SIN PISTOLAS

Escrito por Braulio Bermúdez.

Atracos sin pistolas


 “La gente quiere que mantengamos la boca cerrada, pero eso no te impide tener tu propia opinión”. 
                                                                                     El Diario de Ana Frank

       Durante los años noventa (90) y principio del nuevo milenio (2000), oleajes de atracos  empezaron  a llevarse a cabo en diferentes  barrios del país, incrementándose los maltratos físicos   por consecuencias de los mismos. Distintas armas fueron utilizadas  a lo largo de los periodos mencionados, desde revolver 38 hasta pistola Glock 9 milímetros,  con las cuales  despojaban  a personas inocentes  de sus pertenencias, incluso de sus vidas. 
 
La sociedad  fue  cambiando en muchos aspectos, generando un gran impacto en lo económico, lo político y lo social. Tanto así, que algunos de sus habitantes dejaron de amedrentar, pasando de victimarios a víctimas  de un nuevo prototipo de delincuente que surgió y  empezó a multiplicarse por todos lados. Pasamos a ser  víctimas  de muchos atracos sin pistolas, donde poco a poco  empezaron  a violar el derecho  a la alimentación, a la educación,  a la seguridad,  al salario y  a la salud, por mencionar algunos delitos.  
       En los últimos años,  las violaciones de DDHH han venido evolucionando en nuestro país, generando intercambio  de    rol  entre  victimarios y víctimas  en escenarios  que dejan en evidencia la falta de práctica  de la ciudadanía. Las expresiones “Quieto ahí”, “Si te mueves te quiebro” y “Esto es un atraco” empezaron a sustituirse por discursos estéticos, incluso esperanzadores. 
Igualmente, el estado Sucre no ha escapado de estas conductas punibles  que  modifican  la rutina diaria   en una tierra silenciada. 
       Vivir en un territorio con un alto índice de pobreza, según las encuestas publicadas en los últimos años (ENCOVI) :  ha sido  enfrentarse a uno de los niveles más alto de desnutrición en la población vulnerable, encontrar deteriorados los ambulatorios y  los hospitales por falta de dotación , padecer los desmantelamientos de la  universidad de oriente por luchas políticas,   contemplar las trancas de vías terrestres principales por  la escasez de  agua y gas en los hogares,  comprender las  renuncias masivas en los empleos formales y afrontar el  incremento de la economía informal (sumando  especuladores al descontrolado comercio); ha sido  entender  la pérdida de confianza  del sucrense.

La que una vez fue la formadora de miles de profesionales y pieza clave en el progreso del oriente de Venezuela, como lo fue la Universidad de Oriente, hoy es sólo uno de los tantos casos de robos que ha tenido el ciudadano.
Foto: Tomada de la red.

Hoy totalmente destruida se encuentra la Universidad de Oriente Núcleo de Cumaná privando a las nuevas generaciones de venezolanos el derecho de tener una educación profesional de calidad.
Foto: Carlos García Indriago.


 
 “Tengo la sensación de ser un pájaro enjaulado al que le han arrancado las alas violentamente, y en más absoluta penumbra, choca contra los barrotes de estrecha jaula al querer volar”. 

                                                                                       El Diario de Ana Frank.

       Una nueva amenaza  nos invade en tiempos de atracos sin pistolas, donde no solo seguimos expuestos a las violaciones  DDHH, también, sumamos  un virus que del mismo modo pone en riesgo la vida de todos, el cual  pareciera asumirse por la mayoría  con la misma sensación de resistencia a la anormalidad que vivíamos  previo a la cuarentena social.
       Estamos ante una pandemia que  marca una pauta en las acciones del ser humano,  en un  contexto desfavorable que no solo   proporciona una oportunidad  para   despertar  lo mejor  de algunos, también poner en práctica  lo peor de otros. Es difícil no preguntarse en este momento: ¿Se han   minimizado los abusos en el estado Sucre a través de  las medidas de cuarentena social?
       En las  semanas transcurridas  desde los anuncios del Ejecutivo Nacional, las  denuncias no han dejado de hacerse públicas en diferentes partes del estado.  En el municipio Montes se denunció al alcalde por limitar el derecho de alimentación a las personas mayores de cincuenta (50) años, prohibiéndole  el acceso a los establecimientos de comida; entre el municipio Valdez y otros municipios costeros, pescadores expresaron no garantizar la comida del día a sus familias  por falta de combustible; desde el  municipio Cruz Salmerón Acosta, habitantes  manifestaron que pescadores deben remar desde la península de Araya  hasta la ciudad de Cumaná para  llenar envases de aguas y  trasladarlos  hasta el pueblo, donde tampoco se cuenta  con gasolina para los botes peñeros.
       Esta parte del oriente del país, sigue siendo afectada por irregularidades que  condiciona la convivencia del sucrense.  A diario, se   manifiestan  diversos problemas comunes, como:  la distribución del gas domésticos que trae de moda el uso de la cocina eléctrica y las leñas;  la escasez de agua en algunos sectores que dificulta el cumplimiento de las medidas sanitarias sugeridas por la Organización Mundial de Salud (OMS); la inestabilidad del servicio telefónico y el internet que entorpece la propuesta formativa a distancia (online); y  la falta de gasolina en más del 90% de las bombas del estado  que condena a  la paralización del transporte público y, al mismo tiempo, limita  el acceso a alimentos y medicinas.
       Mientras tanto, bajo  una dinámica de causa y efecto,  surgen  las ventas clandestinas de combustible al mejor postor (subastado en moneda extranjera)  y las desapariciones de las bombonas de gas que bajo la promesa de recargarlas en la planta, no regresan a los hogares. Además, reaparecen los denominados piratas, quienes ante la ausencia del transporte público prestan sus servicios a precios desorbitados, donde los pasajeros casi uno encima del otro, muchas veces sin las prevenciones necesarias, exponen sus vidas.
 
“Lo que se hace no se puede deshacer, pero se puede prevenir que vuelva a ocurrir”. 
     
                                                                                          El Diario de Ana Frank.

        Antes y durante de la pandemia, la convivencia del sucrense se ha visto afectada en diferentes aspectos, padeciendo violaciones que han limitado las condiciones  de vida, llevándolos a una sobrevivencia. Las acciones de estos victimarios, quienes se encuentran en todos lados, cerca o lejos, ponen en desventaja la superación de cualquier problema, agravando la desconfianza de unos y otros. 
Indiferentemente de las circunstancias,  con ese  buen humor que los caracteriza, siguen resistiendo a todo tipo de amenaza en una tierra silenciada. No obstante, debemos elevar las  voces  de aquellas víctimas de atracos sin pistolas y  defender la dignidad del ciudadano  ante lo que se puede denominar como “La delincuencia moderna del siglo XXI”. 
 
“No pienso en toda la desgracia, sino en toda la belleza que aún permanece”.

                                                                                       El Diario de Ana Frank.

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