Escrito por Braulio Bermúdez.
Atracos sin pistolas
“La gente quiere que mantengamos la boca cerrada, pero eso no te impide tener tu propia opinión”.
El Diario de Ana Frank
Durante los años noventa (90) y principio del nuevo milenio (2000), oleajes de atracos empezaron a llevarse a cabo en diferentes barrios del país, incrementándose los maltratos físicos por consecuencias de los mismos. Distintas armas fueron utilizadas a lo largo de los periodos mencionados, desde revolver 38 hasta pistola Glock 9 milímetros, con las cuales despojaban a personas inocentes de sus pertenencias, incluso de sus vidas.
La sociedad fue cambiando en muchos aspectos, generando un gran impacto en lo económico, lo político y lo social. Tanto así, que algunos de sus habitantes dejaron de amedrentar, pasando de victimarios a víctimas de un nuevo prototipo de delincuente que surgió y empezó a multiplicarse por todos lados. Pasamos a ser víctimas de muchos atracos sin pistolas, donde poco a poco empezaron a violar el derecho a la alimentación, a la educación, a la seguridad, al salario y a la salud, por mencionar algunos delitos.
En los últimos años, las violaciones de DDHH han venido evolucionando en nuestro país, generando intercambio de rol entre victimarios y víctimas en escenarios que dejan en evidencia la falta de práctica de la ciudadanía. Las expresiones “Quieto ahí”, “Si te mueves te quiebro” y “Esto es un atraco” empezaron a sustituirse por discursos estéticos, incluso esperanzadores.
Igualmente, el estado Sucre no ha escapado de estas conductas punibles que modifican la rutina diaria en una tierra silenciada.
Vivir en un territorio con un alto índice de pobreza, según las encuestas publicadas en los últimos años (ENCOVI) : ha sido enfrentarse a uno de los niveles más alto de desnutrición en la población vulnerable, encontrar deteriorados los ambulatorios y los hospitales por falta de dotación , padecer los desmantelamientos de la universidad de oriente por luchas políticas, contemplar las trancas de vías terrestres principales por la escasez de agua y gas en los hogares, comprender las renuncias masivas en los empleos formales y afrontar el incremento de la economía informal (sumando especuladores al descontrolado comercio); ha sido entender la pérdida de confianza del sucrense.
“Tengo la sensación de ser un pájaro enjaulado al que le han arrancado las alas violentamente, y en más absoluta penumbra, choca contra los barrotes de estrecha jaula al querer volar”.
El Diario de Ana Frank.
Una nueva amenaza nos invade en tiempos de atracos sin pistolas, donde no solo seguimos expuestos a las violaciones DDHH, también, sumamos un virus que del mismo modo pone en riesgo la vida de todos, el cual pareciera asumirse por la mayoría con la misma sensación de resistencia a la anormalidad que vivíamos previo a la cuarentena social.
Estamos ante una pandemia que marca una pauta en las acciones del ser humano, en un contexto desfavorable que no solo proporciona una oportunidad para despertar lo mejor de algunos, también poner en práctica lo peor de otros. Es difícil no preguntarse en este momento: ¿Se han minimizado los abusos en el estado Sucre a través de las medidas de cuarentena social?
En las semanas transcurridas desde los anuncios del Ejecutivo Nacional, las denuncias no han dejado de hacerse públicas en diferentes partes del estado. En el municipio Montes se denunció al alcalde por limitar el derecho de alimentación a las personas mayores de cincuenta (50) años, prohibiéndole el acceso a los establecimientos de comida; entre el municipio Valdez y otros municipios costeros, pescadores expresaron no garantizar la comida del día a sus familias por falta de combustible; desde el municipio Cruz Salmerón Acosta, habitantes manifestaron que pescadores deben remar desde la península de Araya hasta la ciudad de Cumaná para llenar envases de aguas y trasladarlos hasta el pueblo, donde tampoco se cuenta con gasolina para los botes peñeros.
Esta parte del oriente del país, sigue siendo afectada por irregularidades que condiciona la convivencia del sucrense. A diario, se manifiestan diversos problemas comunes, como: la distribución del gas domésticos que trae de moda el uso de la cocina eléctrica y las leñas; la escasez de agua en algunos sectores que dificulta el cumplimiento de las medidas sanitarias sugeridas por la Organización Mundial de Salud (OMS); la inestabilidad del servicio telefónico y el internet que entorpece la propuesta formativa a distancia (online); y la falta de gasolina en más del 90% de las bombas del estado que condena a la paralización del transporte público y, al mismo tiempo, limita el acceso a alimentos y medicinas.
Mientras tanto, bajo una dinámica de causa y efecto, surgen las ventas clandestinas de combustible al mejor postor (subastado en moneda extranjera) y las desapariciones de las bombonas de gas que bajo la promesa de recargarlas en la planta, no regresan a los hogares. Además, reaparecen los denominados piratas, quienes ante la ausencia del transporte público prestan sus servicios a precios desorbitados, donde los pasajeros casi uno encima del otro, muchas veces sin las prevenciones necesarias, exponen sus vidas.
“Lo que se hace no se puede deshacer, pero se puede prevenir que vuelva a ocurrir”.
El Diario de Ana Frank.
Antes y durante de la pandemia, la convivencia del sucrense se ha visto afectada en diferentes aspectos, padeciendo violaciones que han limitado las condiciones de vida, llevándolos a una sobrevivencia. Las acciones de estos victimarios, quienes se encuentran en todos lados, cerca o lejos, ponen en desventaja la superación de cualquier problema, agravando la desconfianza de unos y otros.
Indiferentemente de las circunstancias, con ese buen humor que los caracteriza, siguen resistiendo a todo tipo de amenaza en una tierra silenciada. No obstante, debemos elevar las voces de aquellas víctimas de atracos sin pistolas y defender la dignidad del ciudadano ante lo que se puede denominar como “La delincuencia moderna del siglo XXI”.
“No pienso en toda la desgracia, sino en toda la belleza que aún permanece”.
El Diario de Ana Frank.
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