"REFLEJOS":
UNA HISTORIA ORIGINAL DE CAMILA ROJAS Y LUIGER SALCEDO.
Londres esta frío, miro por la ventana pensando en cómo fue que vine a parar desde mi país hasta la otra punta del mundo.
-Ámbar ven acá, por favor- esa es mi madre Vanessa hablando en español, aunque habla inglés, pero es la forma en la que lo hacemos en casa, para sentirnos aún en nuestro país: Venezuela.
-¿Qué paso mamá?
-Hablemos con tus abuelos, dicen que nos extrañan- río porque creo que ella los extraña más.
Horas más tarde, estoy acostada leyendo Cartas de amor a los muertos de Ava Dellaira, mañana es mi primer día en el trabajo, soy enfermera y una familia me contrato como la cuidadora de una señora de 70 años, solo tiene algunos problemas con la presión arterial y el azúcar, pero creo que la familia quiere mantenerla cuidada. Cuando estoy a punto de dormirme los recuerdos me invaden, de una época de mi vida, donde me sentí usada, donde ayudaba a todo el mundo, pero por dentro estaba intentando entender muchas cosas. Era siempre la segunda opción, yo misma me estaba destruyendo, yo misma estaba dejando que los demás hicieran conmigo lo que querían, solo quería encontrar buenas personas en el camino, quería sentirme útil, sentir que podía hacer algo bueno con mi vida, el problema fue cuando colapse, cuando no encontré como explicar lo que sentía, entonces me jure no dejar que nunca nadie más me utilizara.
-¡ÁMBAR DESPIERTA!- escucho gritos y me asusto, pero veo que solo se trata de mi mamá despertándome, aún no me acostumbro mucho al cambio de horario.
-¡Estoy despierta!, iré a bañarme.
Me aseo, visto y peino rápidamente no quiero dar mala impresión el primer día, salgo del pequeño apartamento donde nos estamos quedando desde que llegamos a Londres, es decir, dos meses. La casa de la familia Jones no queda muy lejos, estoy bastante abrigada porque aunque las personas con las que hemos hablado en el edificio dicen que está fresco, yo siento que muero de frío, quizás es la costumbre del clima cálido de Venezuela; pensando en ello llego a la casa, se ve imponente, es de color crema, visualizo un gran jardín, me quedo viendo largos minutos porque tiene detalles en sus paredes bastante lindos, decido caminar a la puerta y toco el timbre esperando. Cuando la puerta se abre, un hombre alto, con cabello entre castallo y rojizo, de ojos grises, me mira como detallándome y decido que es momento de hablar:
-Hola, soy Ámbar Ruíz, la enfermera que contrataron- mi inglés es muy raro.
-Harry Jones, pasa por favor, mi mamá aun está dormida- me adentro en la casa, es todo extremadamente limpia, la decoración es bastante minimalista, nada de cosas ostentosas, todo sencillo pero elegante.
-Exactamente ¿cuál es mi tarea aquí?.
-Sabemos que los problemas con la presión y la diabetes pueden controlarse, pero mi mama es una persona que no tiene disciplina para sus cuidados, y nosotros amamos cuidarla pero no podemos estar vigilándola todo el día, debemos trabajar, tu trabajo aquí es inyectar la insulina, vigilar su dieta, y darle sus pastillas, y todas estas cosas. ¿Estás de acuerdo?- habla suave, pausado, y lo agradezco.
-Entiendo, no hay problema, me encargare de ello.
-No eres de aquí ¿verdad?.
-¿Tan mal esta mi inglés?.
-Realmente no, tienes cierto acento, de hecho he escuchado personas hablarlo peor que tu. Solo no pareces inglesa.
-Bueno, ¿dónde está la señora?.
-Ven te muestro la casa, y donde se encuentra.
Me muestra el interior de la casa, es grande, pero no exagera y tengo buena memoria así que capto todo, cuando llegamos a la habitación de la señora, noto que todo es en tonos rosas y negros, ella se encuentra cepillando su cabello, es baja, su piel es tan blanca como la de su hijo y sus ojos son azules, sorprendentemente no es rubia, su cabello es bastante negro, ella no parece tener 70 años, ella parece tener 50 como máximo.
-Buenos días. Soy Ámbar, la enfermera- a decir verdad tengo miedo de como ella tome el hecho de tener una enfermera, pero me sorprende, cuando me mira de forma protectora, camina hacia mí y me abraza.
-Oh, eres muy linda cariño, soy Agnes Jones, me vas a opacar con esa belleza tuya.
-Mamá- la llama Harry- la vas a asustar, no seas tan rara- su tono se vuelve divertido.
-No me digas que hacer, así soy. ¿No tienes ningún problema verdad Ámbar?.
-Ninguno Sra. Agnes, como usted se sienta cómoda- Ve a su hijo con mirada juguetona, y algo me dice que es una buena relación la que ellos tienen. Me relajo también porque no se ven unos ingleses aburridos y amantes de las reglas.
El día transcurre con normalidad, hice todos mis labores como cuidadora de la Sra. Agnes, y hable mucho con ella, es una señora habladora y muy coqueta, me dice que tiene dos hijos: Harry quién es Arquitecto, y Jeremy que es contador, habla que Jeremy es el mayor con 35 años, y Harry con casi 30, me cuenta de cómo fue su experiencia con ello, y que dio a luz pasada los 30. A las 5 en punto, un hombre incluso más alto que Harry llega a la casa, deduzco que es Jeremy por su parecido con la Sra. Agnes, sus ojos son igual de azules, su cabello bastante negro, rasgos finos y piel tan blanca como la leche.
-Buenas tardes, tú debes ser Ámbar, la enfermera de mamá- se ve más serio, pero su tono es amable.
-En definitiva, soy yo- extiendo mi mano- la Sra. Agnes paso un día tranquilo, está en la biblioteca leyendo.
-Hasta las 5 es tu horario de trabajo, ya puedes irte, si necesitas quien te lleve a casa puedo pedir un taxi, Harry y yo siempre intentaremos llegar puntuales y si no es así mi esposa Elisa vendrá, si alguno no puede te avisaremos- es de verdad extremadamente amable.
-Tranquilo, puedo ir a casa caminando queda bastante cerca. Y no tengo problema si extendemos la salida del trabajo a las 6 de la tarde, la Sra. Agnes y yo parecimos encajar bastante bien, he dejado fruta picada en la nevera para su cena, la cena es la comida que ella mas tendrá que regular- Jeremy me deja saber que está de acuerdo con el horario a partir de mañana, me despido, recojo mis cosas y salgo de la casa.
Al llegar a casa, mi madre se encuentra riendo mientras ve el televisor, ceno, me doy un baño y no recuerdo en qué momento me duermo, pero con alguien que definitivamente me impacto hoy en mi mente.
Escucho un molesto ruido retumbar en la habitación, y recuerdo que estoy en Londres, y debo estar en casa de los Jones temprano. Me baño y alisto rápido, camino hacia la sala.
-Buenos días mamá- veo mi desayuno y café en la mesa, me siento para desayunar.
-Buenos días mi Ámbar. ¿Tu horario hoy es hasta las 6 de la tarde?.
-Si mamá, promete que trataras de no volverte loca en el apartamento.
-Sí, sí, lo que digas, ya necesito trabajar, le dije al Señor García- el dueño del edificio donde vivimos- si necesitaba una secretaria o alguien que ordenara los papeles de los inquilos.
-Mamá pero si tu apenas puedes con el inglés, además yo estoy trabajando y me van a pagar bien.
-El inglés es cuestión de práctica, además si lo hablo. No seas terca, me volveré loca aquí siempre.
No la contradigo, conozco a mi mamá, ella lo necesita, y es muy terca, es como una mujer con fuertes decisiones. Fijo mi vista en la hora, y será mejor que me vaya para no llegar terriblemente tarde, me despido y salgo a prisa, voy terminando mi café en un termo, pienso en los hijos Jones, son muy diferentes entre sí pero se ve que aman a su madre, parecen una familia de revista. Con esos pensamientos, toco el timbre y es Harry nuevamente quien me abre, el debe volver locas a todas las mujeres a su alrededor.
-Buenos días Sr Jones.
-Buenos días Ámbar, por favor llámame Harry, me dices señor como si no tuvieras 27 años.
-¿Debo preocuparme de que sepa mi edad?- lo digo jugando, porque sé que definitivamente ellos leyeron mi currículum, donde están mis datos para contratarme.
-Para nada- me mira, esa es una mirada intensa, pero no soy una mujer que se intimide ante la mirada de un hombre, lo que si hago es cambiar el tema.
-¿La señora Agnes ya esta despierta?- pregunto, pasando mi mirada por la habitación, comprobando que no está.
-Sí, pero se arregla en su cuarto, puede dejar sus cosas donde quieras Ámbar.
Paso a la pequeña habitación que esta después de la sala, dejo mis cosas, y puedo ver a Harry detrás de mí.
-Si quieres este podría ser como el lugar si necesitas cambiarte o algo así.
-No es necesario Harry.
-Bueno solo tenlo en cuenta, tu currículum dice que eres de Venezuela.
-Es usted alguien chismoso- definitivamente el está impresionado de mi respuesta, pensará que iba a sonrojarme o algo así, como dije antes no soy una mujer que se intimide por la atención de un hombre.
-Y tú muy ocurrente- hombre inteligente, algo me lo decía.
-Sí, soy de Venezuela, llevo aquí pocos meses.
-¿La situación allá es complicada, verdad?
-Sí, aunque ahora mismo sucede algo raro en el país, pareciera que las personas se acostumbran a vivir así, allá también trabajaba como cuidadora en varias casas, no vivía mal, tenía muchos clientes pero se trataba de ya no sentirme en paz. ¿Cumplo con tus requisitos ya?.
-Ya lo haces Ámbar, por eso estas aquí.
Salgo de la habitación, y veo a la Señora Agnes bajando las escaleras, ella definitivamente no aparenta su edad, pareciera que está llena de vida.
-Buenos días Ámbar.
-Buenos días Agnes- así me pidió que la llamara, se molesta cuando la llaman señora pude notarlo ayer.
-Bueno, yo debo irme, pero vendré a almorzar- Harry camina hasta la puerta y le lanza un beso a su madre.
Yo le informo a Agnes que iré a preparar su medicina y que debe cumplir con los horarios de su comida.
A la hora del almuerzo, Harry llega con una comida japonesa.
-¿Te gusta la comida japonesa?.
-No es mi favorita, pero sí, a tu madre le prepare lo que indica su dieta, ella realmente debe cumplirla.
-Lo sé, por eso estas aquí, a nosotros nos cuesta mucho decirle que no.
-Lo veo, linda relación.
-Mi padre era igual.
-¿Era?- cuando pronuncio las palabras, me arrepiento porque de pronto veo venir dolor en su mirada.
-Él murió, tuvo un accidente. Amaba a mi madre como a nadie en el mundo, de él aprendí a tratar a todas las mujeres con muchísimo respeto.
-Eso explica porque eres tan amable conmigo, y tu hermano también lo es, que linda educación.
-No te confundas, mi hermano es amable con todos, yo soy cordial, contigo soy amable porque me resultas un mujer inteligente increíble, que me gustaría conocer- él ha dicho todo ello como si se tratara de un protagonista de película, me río porque es bastante lanzado.
-Eso ha sido muy atrevido Harry Jones- digo sin necesidad de pensarlo, porque puedo seguir su atrevimiento.
-Bueno, no me gusta quedarme esperando mil años para llamar la atención de una bonita mujer.
-Manténgalo profesional, no olvide que es mi jefe- dicho eso, pongo los platos en la mesa, y voy al jardín donde esta Agnes, cuidando sus plantas.
-Agnes, es su hora de comer- nos sentamos los tres en la mesa, estoy al lado de Agnes que está en medio, veo a Harry sentarse frente a mí.
-Ámbar- me llama Agnes.
-¿Si?.
-¿Puedes pasarme un poco de agua?.
-Claro, recuerde que si siente cualquier malestar, debe decirme.
-Si mamá, por favor no ocultes nada.
-Ya déjame Harry Thomas, tú y tú hermano me van a volver loca, consigue una esposa, algo, deja en paz a tú pobre madre- él se ríe.
Comemos tranquilamente, Agnes se va a acostar a su cuarto y veo a Harry aún en la sala de la casa.
-¿Es este el momento donde nos besamos?- lo miro, y puedo ver su sonrisa dibujada.
-No sea payaso.
-Tú eres muy aburrida- me quedo pensando en la frase, la escuche muchas veces junto con un conjunto de actos que hoy prefiero no recordar, es quizás una de las razones por la que no busco una relación, mucho menos con el hijo de la señora que cuido- creo que no debí decir eso, estas pálida, lo siento no fue mi intención.
-Tranquilo, está todo bien. Dime Harry no es usted un arquitecto, ahora me siento en desventaja porque tú si fuiste un chismoso que leyó mi currículum- se ríe un montón.
-No soy un chismoso, solo le di una pasada, quizás dos a tu currículo ayer- río, es una persona que definitivamente sabe cómo llevar una conversación, continua- me gradué de la universidad a las 22, creé una pequeña empresa con unos compañeros, nos va bastante bien, aunque somos varios socios, levantar y mantener una compañía por más pequeña que sea, siempre se necesita de bastante apoyo.
-Suenas como alguien que lucha por lo que quiere, y es modesto.
-¿Cuál es el sentido de ser el mejor en la universidad, tener talento y no querer luchar por ello? Eso me haría estúpido, y no me gusta ser estúpido.
-Bueno, eso te hace inteligente.
Continuamos hablando como por una hora, de cosas al azar, incuso jugamos ajedrez, y le gané. Después se retira, y me quedo viendo la puerta, me da miedo quemarme con el fuego que parece ser él.
UN MES DESPUÉS:
Miro a Harry llevar a la Sra Agnes a su habitación, ha hecho lo mismo todo el mes que llevo trabajando con ellos, llega almorzar y se va como a las 3 de la tarde a su trabajo, a veces se queda y hace sus obligaciones desde aquí, en este tiempo nos hemos conocido como amigos, o al menos así lo veo yo, es un gran hombre, inteligente, amoroso, presta mucha atención cuando hablo, respetuoso y dedicado, su único defecto es que es persistente, no de una manera acosadora en la cual yo me sienta incomoda, más bien de una manera sutil, aún así no busco relaciones.
-Mamá ya esta acostada, quiero decirte Ámbar que mi hermano y yo estamos muy contento de que estés aquí, ustedes dos han conectado muy bien- Otra cosa de Harry Jones, siempre dice las palabras correctas y perfectas.
-Bueno es mi trabajo, y la Sra Agnes no podría llevarse mal con nadie.
-Me aceptas una cena el día de hoy, algo casual, lo prometo.
-Yo- pienso que me he encargado de rechazar todas sus invitaciones y quizás esté siendo un poco grosera con él, realmente parece una buena persona y me agrada mucho- Bueno, acepto, pero nada formal. ¿Te parece después de mi horario de trabajo?.
-Siempre tan responsable, perfecto, así Jeremy y Elisa estarán en casa y mamá no se quedará sola.
-Creo que eres demasiado sobreprotector con tu madre.
El ríe, su sonrisa simplemente ablanda mi corazón. Nos quedamos hablando sobre un libro de misterio que me prestaron de su biblioteca, el tiempo pasa volando, estamos bastante cerca cuando escuchamos unos pasos, y una muy coqueta Sra Agnes aparece ante nuestra vista.
-Se ven tan lindos así, harían una pareja perfecta- me quedo estupefacta, esta señora de verdad no tiene filtro. Ambos reímos, pero nos seguimos viendo y me recrimino a mi misma porque me conozco y sé que acabare teniendo sentimientos muy fuertes por este hombre, lo cual me aterra muchísimo.
Mi horario de trabajo termina y esa es la razón por la cual estoy en la camioneta de Harry en camino a un lugar del que aún no se, la verdad es que no conozco la ciudad a su totalidad, lo miro de reojo y él realmente podría ser modelo o algo así, y complementado con su personalidad única, simplemente es arrollador.
-¿Qué pasa soy muy feo?- ese tono burlón, lo reconozco porque siempre me está haciendo bromas.
-Muy feo Harry Jones- he aprendido a llevar sus bromas.
Miro por la ventana y noto que nos hemos estacionado, el lugar es al aire libre, parece ser un restaurante muy pequeño y el nombre está en español, lo cual me sorprende, quiero correr a abrazar a Harry porque me ha traído a un restaurante de comida venezolana, ni siquiera sabía que existía uno en Londres.
-Te he, ehh, traído a comer venezolana- ese es un español muy loco, ambos reímos mucho, pero me parece tierno su pronunciación.
-¿Desde cuándo sabes español?.
-En realidad solo se saludar, y decir esa oración, lo estoy aprendiendo para ti- esta vez sí lo dice en su idioma nativo.
-¿Para mí?- estoy confundida.
-Creo que eres demasiado modesta como para darte cuenta de que me tienes babeando por ti desde el primer momento que te vi, no te presiono, solo te lo informo- Cuando ve que me quedo sin palabras, añade- ¿Cómo se dice correctamente mi intento de oración en español?
-Se dice: te he traído a un restaurante de comida venezolana.
Sin decir más nada entramos al lugar, es sencillo, diría que es lo más sencillo que he visto desde que llegue a Londres, eso me hace sonreír porque este hombre cada vez parece más perfecto y eso me parece casi irreal.
-Déjame ordenar a mi-le pido.
-Estaba esperando que lo dijeras, aquí hablan inglés, pero no sabría que ordenar, leí algo sobre arepa, cachapa y pabellón pero no se- los nombres de las comidas las dice en español, lo cual me parece muy tierno.
Ordeno cachapas para ambos, con coca cola, creo que me encuentro en un sueño, pienso en que Harry realmente se ha esforzado por llamar mi atención y derribar mis muros, debería dejarlo entrar un poco a mi vida pero no quiero ser débil otra vez.
Llevo la comida a la mesa, y lo analizo creo que estoy loca por huir de él como si fuera una enfermedad.
-Esto se ve muy diferente a la comida de aquí, y huele rico- quiero reír por la forma en la que mira la cachapa.
-Espero te guste y... gracias por esto.
-¿Puedo hacerte una pregunta que no aparece en tu currículo?- eso me hace reír, porque de verdad husmea en mi currículo.
-Supongo que sí.
-¿Por qué le huyes al compromiso y de mi como si fuera una enfermedad enamorarse? No tienes que responder si no quieres.
-No tengo problema en hacerlo, no soy esa clase de persona que oculta esa razón, no es como que lo voy diciendo en todas partes, pero cuando estoy en confianza puedo hablar de ello- sonríe cuando escucha mis palabras- sufrí de mucho acoso en la escuela, no era por mi apariencia física, era más bien por mi forma de ser, gustos y desempeño en las clases. En Latinoamérica se tiene la creencia de que no existe el bullying incluso en mi país pareciera ser algo que pocas veces pasa, pero yo lo viví, estudiaba en un colegio donde la mayoría tenía unas buenas posibilidades económicas a pesar de ser Venezuela un país con una gran crisis, yo misma no me fui de mi país porque la estuviera pasando mal, pero eso es otro tema; el caso es que no tenía ni la mitad de una amigo, nadie me hablaba, incluso parecía como si yo no estuviera ahí, me dejaban papeles en mi asiento, crecí así, eso me hizo ser un poco insegura, intente cambiar muchas veces solo para agradar. Fue cuando entre en la universidad que sentí que era un nuevo comienzo y me enamoré, no era un amor intenso adolescente, más bien un amor tranquilo, pero confiaba en él, me hizo sentir segura y débil, porque vi en él la oportunidad de demostrar que era normal, una chica normal, supongo que eso me cegó y no me di cuenta que para él solo era un juego.
-¿Y por eso te cerraste?.
-En realidad esa fue una decepción, la otra vino de una amistad, el tipo de chico con el que conectas mucho pero solo como amigos, y él no supo entender ello, simplemente me manipulaba y todo se volvió tan tóxico que cuando decidí ser yo e ir por lo que quería, él simplemente no lo supo aceptar, entendí que realmente no era mi amigo como yo pensaba.
-Lo entiendo, por ello eres selectiva con las personas que dejas entrar. Yo también he tenido mis malos momentos, pero nada como ello. Si me dejas podemos salir, experimentar esta química juntos, pero algo te diré no te veo como una chica de tener una relación corta, te veo como alguien a quien puedo llegar a amar profundamente y compartir mi vida, no intento asustarte solo quiero que veas que no soy un cobarde que niega que se siente fuertemente atraído a conocerte.
-Tu pareces sacado de un libro de romance.
-No soy perfecto, créeme, pero sé cuando luchar.
-Solo salidas, sin nombre, y sin contarlo aún con nadie, hasta que veamos que queremos del otro realmente. ¿Lo tomas o lo dejas?.
-Definitivamente lo tomo.
La comida termina, y antes de bajarme en casa, Harry me sorprende dándome un beso, pensé que un beso suyo sería dulce y lento, y lo fue, pero también removió todo de mi. Cuando estoy en la cama, recuerdo la noche de hoy y como siento que caeré por el perfecto Harry Jones.
UN MES DESPUÉS:
Me aterra la forma en la que los días han pasado, la manera en la que Harry y yo comenzamos a pasar el tiempo todos los días después de mi horario de trabajo, se siente perfecto y correcto estar en sus brazos y sus besos acabaran por volverme loca, creo que ambos nos estamos enamorando en este juego de ser algo pero no serlo. Siento que soy una cobarde por no ir y decirle que quiero ser eso que llaman novios.
-Cariño, ¿estás escuchando?- quien me habla es Agnes, estamos tomando té y hablando en el jardín, pero mis pensamientos se han desviados por su hijo.
-Disculpa Agnes, ¿qué tal ese libro que estabas leyendo?.
-Realmente uno muy bueno- hace una pausa, y me mira como examinándome- ¿puedo preguntar algo relacionado con mi hijo y tú?- bajo la mirada, esta mujer se ha dado cuenta. ¿Cómo voy a decirle que tengo a su hijo esperando que mi muro anti compromiso se derribe?
-Agnes, yo...
-¿Tienen algo verdad?- lo menos que quiero es negar a Harry, por lo que asiento- No te apenes, mi hijo ya es grande, ya era hora de que consiguiera una compañera y novia. Si yo fuera tú lucharía por él, no es porque sea mi hijo, pero realmente es un gran hombre. Y siempre protege a las personas que ama, incluso el puede volverse un poco testarudo cuando atentan contra alguien que ama.
-Lo sé Agnes, lo sé.
-No tengas miedo Ámbar, el amor es la único que nos hace ser mejores personas, nos impulsa a sentir y a vivir.
Horas más tardes, estoy en la empresa de Harry, me trajo porque necesita unos papeles, luego iremos a ver una película. Me permito observar el lugar, podría considerarse algo pequeño y simple, pero se nota que le va muy bien, él me ha comentado que piensan conseguir un edificio más grande e ir poco a poco extendiendo su negocio. Es extraña la razón pero me siento orgullosa cuando veo todo ello. Siento sus brazos envolverme, me acurruco porque sinceramente lo he extrañado todo el día.
-Ya tengo lo que necesito. ¿Nos vamos?- su voz me sigue encantando.
-Sí, la película nos espera- me da una sonrisa de complicidad y me confunde.
-Si veremos una película, pero no en el cine- hago una mueca- no pienses mal tampoco es en mi casa, ya verás, te prometo que va a gustarte.
Y así ha sido durante todo este mes, me sorprende siempre, me llena de rosas e incluso me hace notitas, lo cual me hace seguir viéndolo como la perfección hecha persona. Salimos del lugar, pasamos un montón de calles y paramos en un edificio en donde parecen funcionar varias cosas.
-Antes era de nuestra familia, cuando papá murió lo vendimos porque Jeremy y yo no sabemos nada sobre seguros, que era a lo que se dedicaba papá, y realmente nunca hemos tenido un gran apego por las cosas materiales, nos apegamos más a otro tipo de recuerdos. El caso es que el último piso aún es de la familia, porque mamá ama el balcón, crecí viniendo aquí, amaba estar en ese balcón desde pequeño y cuando estaba en la universidad amaba crear diseños ahí. Espero que tú lo disfrutes hoy conmigo, está en su faceta de cine.
Las palabras se han ido a algún lugar de mi cerebro donde no sé como reproducirlas, así que entramos y subimos en el ascensor, y cuando llegamos a la pequeña habitación que se ha ambientado de verdad como un cine, hay dos puf, en la mesa cotufas o palomitas, bebidas y chocolates, me recrimino a mi misma por ser una miedosa con el hombre que busco en todo Londres una restaurante venezolano, aprende español por mí y se esfuerza por hacerme sentir especial.
Horas después estamos viendo las luces en el balcón, ha sido una tarde perfecta.
-Ámbar, yo... Sé que prometí no presionarte pero no quiero ser solo el chico con el que sales y la pasas bien, creo que este mes ha sido suficiente para darte cuenta que no intento hacerte daño, solo intento desarrollar un nosotros, pero solo me temo que no puedo hacerlo. Entonces... ¿le damos nombre a esto tan bonito que ha surgido entre los dos?.
Pensé que estaba preparada para decir que sí, pero las palabras simplemente no me salen, sé que él no me hará sentir inferior, sé que quiere algo más de mi, algo más como una relación y yo estoy siendo una niña que se ha trabado cuando el hombre de sus sueños ha estado intentando conseguir ser su novio.
-Tranquila, parece que vas a desmayarte, no importa, yo sé que te sientes igual que yo, que al igual que yo estas sintiendo cosas muy fuertes, solo tienes miedo, yo estaré aquí cuando decidas vencer ese miedo.
Nos abrazamos y así transcurre la noche, como una perfecta velada romántica.
A la mañana siguiente:
Llegue a casa de los Jones, haciendo el protocolo mañanero con Agnes, este es uno de esos días en los hago todo en automático, siento que aunque Harry no me presiona, yo si lo hago y creo sentir mi colapso, el momento en que me cierro y lo alejo y no quiero ser esa mujer pero no puedo evitarlo.
-Cariño, están tocando la puerta- Agnes es quien me saca de mis pensamientos.
-Yo abriré.
Me dirijo a la puerta, no se quien pueda ser Jeremy y Elisa están de viaje y Harry se está preparando para ir a su trabajo, hoy va un poco tarde. Cuando abro la puerta consigo un hombre alto, cabello negro, ojos grises, se ve como de 50 años, y definitivamente no puedo reconocerlo, nunca lo he visto, me toma por sorpresa que literalmente me tira de la puerta y pasa, camina realmente rápido.
-Señor, ¿a quién busca?-él decide ignorarme y yo me estoy preparando mentalmente para llamar a la policía, porque este hombre parece peligroso.
-¿Qué haces aquí Pet?- Agnes se ve ¿molesta?, me encuentro confundida y realmente no se qué hacer.
-Señor, le pido por favor que salga.
-¿Y tú quién eres?- las palabras las dice con agresividad.
-Eso a ti no te importa, fuera de aquí o llamaremos a la policía- es la primera vez que escucho a Agnes gritar.
Todo sucede muy rápido en un momento, el hace el intento de levantar su mano hacia Agnes y yo corro ubicando a Agnes detrás de mí. Se escuchan unos pasos.
-¿Qué hace esta escoria aquí?- ese es un Harry bajando las escaleras, bastante molesto.
-Tú no te metas, y tú mujerzuela quítate del medio, que no es contigo.
Él no tenía idea del efecto de sus palabras, es cuando Harry toca su hombro que voltea, recibiendo un puño en su cara, tan fuerte que lo hace caer al piso; Agnes y yo jadeamos horrorizadas de la fuerza de Harry.
-Jamás vuelves a hablarle así a ella y mucho menos intentes volver a poner un pie sobre esta casa porque te hundo, ahora fuera de aquí- No sé si fue lo noqueado que lo dejo el golpe, o la fuerza de las palabras de Harry, que el hombre como puede se levanta y sale de la casa.
-¿Qué ha sido eso?- me atrevo a preguntar pero no hay respuesta.
UNA HORA DESPUÉS:
-¿Quién era él?- Ahora que Harry esta calmado me atrevo a preguntar, sinceramente el Harry de hace unos minutos con su mirada llena de odio y sin razonamiento no es el Harry que he conocido en este tiempo.
-Fue un novio de mamá, mi papá murió hace 10 años, y tuvo una corta relación con él hace 2, no nos opusimos y la diferencia de edad tampoco nos importo, pero solo jugó con ella por 5 meses, su interés era el dinero y eso nos hizo enojar a Jeremy y a mí. Cada vez que él aparece ella parece cerrarse.
-No me gusto verte así.
-Lamento si te asuste, pero protejo a los que amo con mi vida si es necesario.
-¿No han intentado denunciarlo? Digo si aparece por aquí cuando ya no tiene nada que buscar, se considera acoso.
-Sí, pero las autoridades dice que no ha hecho nada lo suficientemente grave- respira hondo- ¿Por qué haces esto?.
-¿A qué te refieres?.
-A esto, a solo querer estar conmigo como algo pasajero, de sentir cosas por mi pero no saber enfrentarlo, de las excusas que buscas para huir- Estoy sorprendida de que haya sabido leerme tan bien.
-Yo...
-Tú, tú realmente no vas a negar porque sabes que es verdad- Comienza a alejarse de mi- No puedo fingir que no me duele, no quiero ser solo algo pasajero, no puedo seguir intentando derribar tu muro cuando tú no pareces estar interesada en que lo haga. Cuando estés decidida de lo que quieras, búscame.
-¿Puedo tener unos días libres?.
-Tu trabajo no debe verse afectado por ello, ¿pero es lo que quieres no?- asiento- Entonces tienes dos semanas libres.
Se aleja, y me doy cuenta que se ve dolido, también soy consciente que unas lagrimas corren por mi cara, y todo lo que puedo hacer es dar la vuelta e irme a casa.
UNA SEMANA DESPUÉS:
La última semana he sido un desastre, primero estuve convencida de que lo mejor era renunciar y seguir con mi vida, después llore por cobarde y ahora me encuentro confundida de porque mi pecho siempre esta oprimido, no lo entiendo.
-¿Cuándo me dirás lo que te pasa?- mi mamá me ha mirado confusa toda la semana, principalmente porque no he ido a trabajar.
-¿Mamá estuviste enamorada de papá?- Mi papá murió cuando yo era muy pequeña, pero tengo entendido que mi mamá y él no estaban juntos ni siquiera cuando ella le dijo que estaba embarazada, se hizo cargo de mí, me vio nacer, la apoyo, pero no estaban juntos.
-Por supuesto hija, tu padre y yo tuvimos una linda relación y él era un hombre increíble, a pesar de no estar juntos al momento de estar embarazada, nunca, nunca me dejo sola. Sé que hubiese estado siempre para ti, pero lastimosamente murió pronto. ¿Por qué sospecho que estas así por cierto caballero Jones que te ha traído varias veces a casa?.
-No piensas mal, ese hombre es perfecto, es todo lo que siempre quise, creo, creo, creo que estoy enamorada de él, pero nada más de la idea me paralizó.
-Hija mía, yo no críe una cobarde; el amor es un acto solo para valientes, si siempre vas a tener miedo, nunca podrás sentir verdaderamente.
-Pero es que, es tan complicado.
-Tú lo haces complicado, solo estas esperando que te diga que te conformes con tener siempre miedo, y no hare eso. Si yo fuera tu, me vestiría, llamaría a la Sra Jones le preguntaría donde está su hijo e iría, me pararía en frente y le diría que aunque tengo miedo no soy una cobarde y me arriesgo.
Me levanto, y proceso las palabras de mi madre, y los movimientos que haré ahora, decido que Harry Jones siempre se ha intentando impresionarme, ahora lo haré yo. No soy más una cobarde.
Hago exactamente lo que recomendó mi mama, y es por ello que me encuentro en camino al edificio que él convirtió en cine para mí.
-Señorita, llegamos- le doy las gracias al taxista, pago, y me bajo temblando de nervios pero decidida.
Cuando llego al último piso, y paso, porque la puerta está abierta, lo miro, parece sorprendido, está un poco desarreglado pero igualmente se ve perfecto como siempre, me doy cuenta entonces que mi corazón late como loco y que realmente la última semana ha sido un completo desastre sin él.
-Entonces, supongo que estas decidida- camina hacia mí.
-Escúchame bien, he sido una cobarde, ¿pero sabes qué?.
-¿Qué?.
-Ya no quiero serlo más, siento muchas cosas por ti, son fuertes, y no voy a quedarme esperando que los miedos se superen solos, si tengo algo que superar entonces hagámoslo juntos. ¿Aceptas? Porque quiero darte más, y quiero más de ti.
-Te mostrare mi respuesta mejor- me besa, me besa con desenfreno, me besa comunicando que me extraño, y entonces entiendo a mi madre, el amor es para valientes y yo quiero ser valiente. Sé que con él puedo serlo, con mi Harry, el hombre perfecto, el hombre que demuestra que nada es lo que parece.
......
REFLEJOS PARTE II:
Amor, está lista tú cena - escuché decir desde la cocina de mi pequeño… Nuestro, sí, nuestro pequeño departamento, era su voz, la de mi hermosa damisela, hermosa, siempre.
Me levanté rápidamente de la portátil, recién acababa de escribir un artículo que subiría próximamente a mis redes sociales, "Paradoja de 1000 tierras" lleva por nombre, espero sea todo un éxito y por fin dé ese salto que siempre he soñado. Me dirigí a la cocina y el agridulce olor a pavo al horno llegó a estimular rápidamente mi olfato, entrábamos ya casi en épocas navideñas y a mi hermosa Ámbar le gusta mucho cocinar pavo.
-Así lo prepara mamá, en Venezuela - me dijo con su delicada voz, una y mil veces la había oído decir eso con nostalgia.
El frío se hacía notar, Londres cada vez era más adornada por la fuerte neblina, una ciudad acostumbrada a temperaturas bajas y yo, un británico acostumbrado al clima del Reino Unido, sin embargo, por la noche, ni el frío ni nada evitaría que Ámbar y yo visitáramos el hermoso Emirates, casa del equipo de fútbol de la ciudad, papá siempre fue fanático del club local y cada vez que tengo la oportunidad de visitar una vez más las gradas en las que estuve con él una vez, no lo pienso dos veces.
-Debemos darnos prisa cariño, en media hora debemos estar en el estadio - le dije a Ámbar cuando ya ambos nos disponíamos a comer.
-¿Estadio? Amor, lo olvidé, aún no estoy lista, necesitaré algo de tiempo.
Sentí algo de molestia mezclada con una especie de tristeza - apresúrate, no podemos perdernos el partido - dije con tono de disgusto.
-¿No podemos faltar por hoy? - preguntó poniendo gesto de cansancio.
-Si no quieres ir, iré solo - exclamé, para luego bajar la cara y centrarme en mi comida, luego de una probada, intenté bajar la tensión que había sembrado - te quedó muy rico.
-Intenta llegar temprano, mañana debo ir a cuidar de Agnes, quizás ella me comprenda mejor - dijo mientras se levantaba y procedía a dirigirse a la habitación.
-¿No comerás? - pregunté, con miedo de saber la respuesta, aunque con certeza de cuál sería.
Me miró y me hizo un gesto de desprecio - no tengo hambre - para luego largarse por el corto pasillo.
Apenas cerró la puerta de la habitación, aventé el tenedor hacia la pared para liberar la ira contenida, las discusiones y diferencias se hacían cada vez más grandes y parecía ser algo fuera de mi control, solo 3 años teníamos casados, tres años. No quería que acabase, yo amaba a Ámbar, como a nada.
Me levanté y bajé las lúgubres escaleras, vivíamos en el nivel número 8, de un conjunto de departamentos bastantes cómodos para una pareja. Tomé mi hermoso Porchs 911 negro y me dirigí al estadio, las calles de la ciudad se tintaban de azul y rojo, el clásico de Londres sería disputado y como cada año, era una fiesta total. El firmamento poco a poco iba dejando espacio a la fría noche, la reina vestida de blanco posaba casi de manera perfecta con el Big Ben… Pero yo no podía hacer otra cosa que pensar en Ámbar, quizá el estrés de dirigir una agencia de enfermeras ella sola le afecte o, tal vez deba encontrar a otra enfermera para cuidar de mamá, pero, no confío en nadie más que ella, vamos, pensaré en eso luego, ya estoy llegando al estadio, colocaré un poco de los Rolling Stones mientras espero que las puertas sean abiertas, sí.
"When will those dark clouds all disappear…" genial, será una gran noche.
-Harry… ¡Harry! - desperté sintiéndome muy mal, la cabeza me daba vueltas y apenas podía escuchar la voz de Ámbar gritando mi nombre.
-¿Qué pasó…? - alcancé a decir mientras tomaba mi cabeza.
Ámbar señaló algunas cervezas al lado de mi mesa de noche y luego, vi como el sol entraba por la ventana.
-Genial, ganamos…-dije mirando hacia el techo y cerrando los ojos en un intento para continuar durmiendo.
Ámbar estaba teniendo un gran sermón en el fondo, pero yo solo pensaba en los goles, tiro libre, 1 a 0, penal, 2 a 0, un cabezazo a la salida de un tiro de esquina, 3 a 0…
-¿Me estás oyendo acaso? - preguntó ella con la voz más elevada y un tono serio, casi amenazador.
-Hubo un cuarto gol - le dije sin sacar mi mirada del techo.
-¿De qué hablas, Harry? - contestó ella enojada, muy enojada, pero no me importaba, sabía que habían marcado un cuarto gol, pero… no, tengo que asegurarme que fueron cuatro.
Me levanté y fui a la computadora, efectivamente, cuatro goles y no lo recordaba, debo empezar a preocuparme por mi memoria, estoy olvidando muchas cosas.
-¡Harry, carajo, escúchame por un segundo! - gritó Ámbar.
-Claro, dime - respondí tranquilo.
-No sé qué delirio místico estés teniendo o qué hayas consumido anoche, pero necesito que me lleves a casa de tú madre, ya voy tarde por 1 hora.
Nuevamente volví a la realidad y supe que Ámbar tenía razón, además necesitaba ir a casa para ver a hermano, seguramente me esperaba como todos los días y ahora tenía cosas importantes que decirle. Fuimos al auto y emprendimos la travesía a casa de mamá.
-¡Oh, mis pequeños Harry y Ámbar! - dijo mamá al vernos atravesar la puerta de la cocina - que alegría me es dada al ver sus hermosos rostros, amo su compañía mis niños - culminó con su delicada, desgastada y tierna voz que alguna vez fue más firme y seria.
-Hola mamá, ya te extrañaba - respondí dándole un abrazo muy fuerte, sentía como sus arrugadas manos acariciaba mi espalda como tantas otras veces, como cuando eran fuertes y sin dobleces en su piel.
Ámbar hizo lo mismo e inició con el protocolo de cuidado de mi madre, que estaba esa mañana con su hermosa sonrisa, como siempre. "Debo ir a ver a mi hermano" pensé.
-No puedo seguir aumentando las dosis Harry, lo siento - me dijo serio mientras estiraba su mano para darme un par de pastillas.
-Ya te dije que estoy olvidando las cosas muy a menudo, me dijiste que te reportara de cualquiera de esos síntomas – exclamé más serio.
Él me centró su mirada en mí detenidamente, pareció observarme por horas, aunque pasaron 10 o 12 segundos como mucho, su mirada se vio triste, sus ojos se volvieron en lágrimas que parecían encerradas, obligadas a no salir, como si viera algo que no le gustase, se sintió tan extraño.
-Chico, ya te he dicho que no te daré más – me dijo desviando su mirada hacia abajo.
-A veces siento que te arrepientes de que yo exista – le dije sabiendo bien el porqué de su triste mirar.
Se volvió hacia mí – nunca repitas eso Harry, yo te amo, eres mi pequeño hermano y siempre te querré – me replicó un poco alterado y señalándome.
-Quizás a mi sí, pero no a mi problema de…- fui súbitamente interrumpido.
-¡HARRY! – escuché gritar a Ámbar desde la cocina.
ALGUNOS DÍAS MÁS TARDE:
-Amor, te traje este té, a ver si descansas un poco, no has dormido casi, eso te puede hacer daño, y creo que deberías ir a ver a tú hermano, ha estado reventando tú celular desde ayer y no has querido hablar con nadie – me dijo Ámbar, acercándose a mí con una taza que desprendía humo y olor a manzanilla.
-No quiero nada, Ámbar – repliqué, de la misma forma en la que lo había hecho todos los días desde que perdí a mamá.
Ella dejó la taza al lado de la cama, en la mesa de noche y se sentó junto a mí, mientras mi mirada perdida se centraba en mi pérdida, tal como lo hacia mi mente desde aquel momento.
"-Familiares de la señora Jones – preguntó el doctor a quien veíamos por primera vez en toda la noche luego de internar a mamá.
-Nosotros- dijo Jeremy.
-La señora Jones acaba de perecer a causa de un infarto fulminante, intentamos revivirla sin embargo, no había nada que hacer, la señora falleció muy probablemente en su casa."
-Harry ¡Harry! ¿Me escuchas? – Preguntó Ámbar exaltada – estoy cansada de tus lagunas mentales ¿o es qué acaso me ignoras intencionalmente? – dijo. Yo no lo hacía con intensión, las imágenes de aquel momento venían a mí de forma rápida, me desconectaban, era difícil ahora concentrarme, difícil conectarme con la realidad en la que mamá no está.
-Ahora vuelvo – le dije y sin perder medio segundo más salí rumbo a mi hermoso auto, sí, de lo poco que me queda de mamá, aquel precioso Porchs que le pertenecía.
Salí, sin rumbo cierto, esperando solo poder encontrar la paz conmigo mismo y que las voces en mi cabeza sean silenciadas, pero, Londres puede que no sea aquella ciudad ideal para un duelo, clima lluvioso adornaba el firmamento con una gama de grises y lágrimas, no había podido sacarme el olor a muerte de encima, sentía que era irreal la forma en la que perdí a mi madre, acababa pues de acariciar su piel y no pensé por un mínimo momento que sería la última vez, hemos quedado huérfanos, tan pronto, no estaba listo, y puedo sentir como mi tristeza se parte en tantos trozos, ligados por esta última desgracia, hilando cada una de las pérdidas que mi vida ha presenciado.
“All my troubles seemed so far away, now it looks as though they´re here to stay”
-Oh, I believe in yesterday! – salió inmediatamente de mi, siguiendo la famosa canción de The Beatles que sonaba en la radio, estaba eufórico, enojado.
Nunca volvería a ser el mismo, tantos trozos de mi personalidad que se han construido encima de otras cicatrices, yo soy mis cicatrices, que a día de hoy siguen doliendo. “Creo en el ayer” decía la canción, yo extraño el ayer, en el que era feliz, yo quiero seguir viviendo en el ayer donde todo era más sencillo.
-¡Eh! Idiota, fíjate por donde andas – escuché gritar a alguien que me sacó de mis profundos pensamientos, el hombre casi se estrella de frente conmigo, por suerte, estuvo atento y logró evitar un desastre para él, para su familia, yo, tal vez no importaba, me siento tan poco y que impotente hace sentir el verse poco y saberse más.
“Brady´s Bar” alumbró un cartel de repente, pude verlo a través de la tristeza que embargaba la ciudad, el frío parecía ser causa de los corazones rotos de las personas que caminaban por las lúgubres aceras, todos con rostros carecientes de sentido y sentimientos, todos parecían fantasmas, sin sangre, parecía que por sus torrentes corría formol en lugar del líquido carmesí, y, lo peor de todo, es que yo me siento como ellos, muerto, puede que lo este y por eso todo se notaba así, puede que sea un alma vagando entre otras, puede que el señor de antes no me haya esquivado y ahí morí, o bien puede que haya muerto junto a mi madre, a mi padre, a mis sueños. “Al carajo” pensé y frené repentinamente, para colocar el retro y aparcarme lo más cerca posible de aquel bar, bajé del auto, y entré sin saber a qué, pero de alguna manera me sentí decidido, tal vez mi apariencia de inglés moderno, portando un abrigo negro, zapatos clásicos y jeans oscuros fue lo que me dio aquella seguridad, a la vez que me sentía muerto, me sentía la muerte, en los cristales de las mesas observaba mi rostro, cada vez más pálido y acabado, esquelético.
-Oh, señor Jones, que gusto verle luego de tanto tiempo – me dijo mi viejo amigo y mesero del lugar, Charles, un señor ya de algunos 65 años - ¿le ocurre algo? Se le ve apagado.
-Amigo, me ocurre todo lo que a un humano puede ocurrirle, pero no tengo ganas de explicar mis penas ahora ¿podrías traerme algo que las ahogue esta noche? – consulté con él.
Me observó de manera triste – Lo sé, Harry, sé lo que ocurrió con Agnes. Los quería mucho joven Jones, a ella y a su padre, fuimos buenos amigos, y por uno de sus descendientes haría lo que fuera ¿Bombay Sapphire o Damson gin, señor? – me preguntó colocándose totalmente a mi disposición aquella noche.
-Gordon´s, Charles, trae Gordon´s, mucho – expliqué al viejo amigo de la familia, quien partió hacia la barra.
El teléfono sonaba de todas partes, Jeremy, Ámbar, mensajes de enojo, tristeza y preocupación llegaban a mis notificaciones…” ¿Seguro qué desea apagar el dispositivo?” saltó en la pantalla, “Aceptar” presioné, aquí no me encontrarán, estar solo con mis pensamientos, mientras me despiezo y me desangro a través de la inmensa herida interna que poseo, echando de menos cuando tenía de más, pensando en si vale la pena vivir una vida destinada a perder, una maldición con la que todo humano carga, perder, o peor, amar y perder lo amado, ver como los que nos completan nos parten al partir de este mundo, sentir que ya no somos iguales, sentir que en cualquier momento podemos perder más ¿así vale la pena? Un miedo constante, un miedo creciente, un mie…
-Hola- giré lentamente mi rostro, sin cambiar demasiado mi expresión, era una dama, se notaba joven, de cabello amarillo, con un degradado que le hacía acabar en color ceniza, ojos azules pero, su rostro no me parecía anglosajón ni británico neto.
-Hola – respondí luego del selecto estudio físico que le había realizado en 5 segundos, inmediatamente se acercó Charles.
-Señor, aquí está lo que ordenó – me dijo, mientras colocaba en la mesa, hielo, limones, latas de gaseosa y la botella que ordené, observó a la chica y preguntó -¿quiere que le traiga otra silla, señorita?
-Pues sí al señor no le molesta mi compañía – dijo ella volcando su penetrante mirada a mí. Suspiré, observé la botella y supuse que estaría bien, al menos si moría esa misma noche, no lo haría tan solo, como me sentía, quizá mi corazón se detendría entre sollozos y aquella mujer entregaría mi cuerpo para poder descansar junto a mamá y papá por la eternidad.
-Trae una copa a la señorita, Charles, es mi nueva amiga – dije, ella esbozó una sonrisa.
-Liza, qué lindo nombre, pero me parece a mí que no eres de Gran Bretaña ¿o me equívoco?- pregunté, luego de tener algún rato conversando.
-Piensas correctamente Harry, vengo de Países Bajos – dijo ella para luego probar su copa.
-¿Y qué te trajo a la lúgubre Londres? – consulté bastante interesado en la respuesta.
-Turismo, siempre la quise conocer y tuve la oportunidad – dijo, respondiendo pero dejándome sin ideas para responder, luego de unos segundos en los que estuve callado y mi mirada se desvió, ella preguntó por primera vez en la noche.- ¿Estás casado? – al pregunta me tomó por sorpresa, pues poco había pensado en Ámbar desde el momento en el que mamá murió, poco había pensado en cualquier cosa que no fueran los recuerdos con ella y mi padre.
-No lo sé, tal vez, supongo. – respondí, no tenía nada concreto que decir.
Ella sonrió de manera pícara - ¿problemas?
-Muchos, aunque puede que sea por mí, no lo sé, quizá sea complejo comprenderme, tal vez siente que soy indiferente, igual, no tengo cabeza para ello – le dije mientras con las manos le hacia un gesto intentando señalar que prefería hablar de otra cosa.
Ella se limitó a sonreír y ambos continuamos con nuestras copas.
-Me siento solo, desganado y hasta desgraciado por la vida, así, y mira donde acaba el exitoso empresario Harry Jones, el talentoso niño prodigio que ahora está sentado con una desconocida…-me miró feo- bueno, una recién conocida, en un antiguo bar de la ciudad de Londres –dije, mientras notaba que estaba empezando a sentir efectos del alcohol, sentía frenesí y mareos, la adrenalina empezó a brotar sola, todo comenzó a llenarse de colores, en un efecto de distorsión de la realidad bastante fuerte.
-¿No te gusta mi compañía, Harry? – preguntó ella acercándose a mí y posando su mano sobre la mía.
-Por supuesto…ehmm, ¿me permites un momento? Debo ir al baño. – pregunté a la hermosa señorita, quién asintió con la cabeza y una sonrisa cómplice.
Me levanté y a pasos desordenados me dirigí al bien cuidado baño del bar, revisé mi reloj y eran las 2 y 15 de la madrugada, aún no quería llegar a casa, la tortura había sido suavizada, quería que mi estancia en el lugar se hiciera eterna, lave mi rostro con agua, bajé nuevamente la mirada para sacarme el agua y al alzarla, en el espejo vi a Papá, parado a mi lado, era él, un inglés de mediana edad, de cabello blanco y altura exagerada.
-Esa chica es muy bonita ¿no, hijo? – me dijo el ser en el espejo.
Hice un gesto de susto y volteé hacia atrás, para percatarme de que no había nadie, cuando fijé mi mirada en el espejo, estaba nuevamente él, y al otro lado de mi figura, estaba mamá.
-Deberías acceder a sus pretensiones hijo, quizá te haga bien, una noche distinta, una noche especial, una noche como antes, cuando eras tú – me dijo mamá.
-No, no es lo que quiero, Ámbar…- me interrumpió mamá, quien se puso roja, se agrandó y su rostro se volvió tenebroso, sus ojos parecían irradiar odio.
-Ámbar es la culpable de todo lo que te ha ocurrido mi pequeño, desde que llegó tú vida se ha vuelto un desastre ¿o es que no lo ves? No ha sabido entenderte como yo, nunca sabrá hacerlo – explicó mamá, de mi rostro ya salían lágrimas, de miedo, de confusión, de rabia.
-De no ser lo que quieres, no estaríamos aquí Harry, tú mente te pide soluciones y te las da- me dijo papá, volviéndose grande también, su ropa se desgarraba, se volvía grotesco, sacaba garras, observaba como sangraba su cabeza, así como en su accidente – pero tú no quieres obedecernos, no quieres hacer caso, a dos viejos fantasmas que serán olvidados por ti.
Mi llanto ya era a cantidades –jamás los olvidaría, jamás, se los juro – le dije.
-Haz caso hijo- dijeron ambos al mismo tiempo, con voces distintas, como si fueran más de 2 personas, como si 200 almas hablaran conmigo a la vez.
-No, no, es el alcohol, no…- cerré mis ojos y colapsé.
-Harry, Harry… ¿estás bien? – escuché decir a Liza, mientras despertaba lleno de lágrimas, en el suelo del baño, observé mi reloj, 2 y 50 de la madrugada.
-Sí, estoy bien – dije mientras me reponía, los efectos del alcohol aún estaban marcados y me sentía aún con más adrenalina que antes, Liza había colocado mi cabeza sobre sus piernas y su mano tomaba la mía, me senté sobre las baldosas, estábamos muy cerca el uno del otro, nuestros rostros casi se tocaban, y su mirada me insinuaba, observaba sus labios y ella los míos.
La tomé de forma violenta del cuello y la acerqué a mí, sonrió, cerró sus ojos.
-Dispuesta a lo que quieras, Harry- fue el detonante de aquella noche, nos besamos con una pasión que no sentía hace muchísimo tiempo, ella quería hacerlo ahí, la tomé de la mano y salimos del baño, rumbo a la salida.
-Eh, Charles, ten…-le entregué mucho más de la cuenta – quédate con el cambio – dije mientras tomaba la botella y me disponía a irme.
-Hijo…- me dijo él, me hizo detener en seco mi andar y voltear hacia él – cuídate, quiero volverte a ver, siempre estará aquí este viejo.
Sin dudarlo un segundo volví y le di un abrazo muy fuerte – no prometo nada, pero gracias por todo viejo amigo.
Ahora sí tomé a Liza y me largué del lugar, dejando vestigios de lo que era, atrás, cada vez siendo menos yo y menos reconocible, cada vez con menos identidad, siendo un hombre más entre todos. Liza y yo acabamos en un cuarto de hotel, haciendo el amor, y ni aún así podía librar mis pesares, sus gemidos se confundían con los gritos de dolor de mi mente, mi cuerpo se sentía rejuvenecido, mi mente, desgastada, mi cuerpo se sentía vivo, mi alma estaba desaparecida, vagaba por los pasillos de la sombra, la muerte tomaba posesión de mi vida y al parecer solo yo lo notaba, Liza lanzaba elogios a mi cuerpo atlético y mi cuidado rostro, yo, me sentía delgado y enclenque, sentía mi piel gris y mi rostro cada vez más cadavérico, mi realidad seguía desconectada, tanto que por pasajes de nuestra loca noche, observaba el rostro de Ámbar en Liza, a pesar de ser tan distintas, la observaba, me culpaba, me decía que yo era el responsable de la muerte de mamá, me decía que yo había destruido mi vida y que pronto moriría, mientras ella seguiría, el mundo seguiría sin mí, feliz, otro hombre, uno más, que pasó sin pena ni gloria, me echaba a la cara que eso que hacía yo ahora, lo haría ella después de que mi descanso sea consumado, la tomaba con fuerza, le ahorcaba y al parecer, a Liza le convenía que mi cordura estuviese perdiendo de a poco sus últimos rastros, pues sus gritos podían escucharse a varias habitaciones de distancia.
-Cambiemos – me dijo, casi en un grito, con los ojos cerrados y un gesto de éxtasis que pocas veces había visto.
Me arrodillé en la cama, mientras ella corregía su postura, pude sentir una mano en mi hombro, era la de papá.
-Verás que todo estará mejor mañana, te ayudara mucho- me dijo con una sonrisa inhumana, ya me estaba acostumbrando a tener a mis padres cerca.
Caminemos un poco, para que suprimas miedos, para que vivas de nuevo. De la nada estaba con él, caminando a lo largo de un jardín perfecto, con flores hermosas y una inmensidad que parecía infinita, observaba recuerdos de amores, de decepciones, de caídas y errores cometidos.
-No me has olvidado ¿verdad? – Preguntó – vamos, recuérdame.
Le recordé, en la caja, con los ojos cerrados y muchas cicatrices a lo largo del rostro, lo recuerdo a través de un cristal, y de la nada, estaba de nuevo en aquel momento, justo a un lado de mi yo más joven, viéndole, en esa caja que me separaría para siempre de mi héroe, le observé fijo, intentando que despierta…y lo hizo. Se levantó con aspecto demoníaco, con largos dientes, con largas garras
-¿Sólo así me recuerdas, Harry? ¿¡Sólo así!? – gritó, de una forma que sentí que mis tímpanos iban a salir disparados por mis orejas, creí que mi cerebro en poco tiempo haría una implosión. Corrí lo más veloz que pude y desperté de forma repentina, en la cornisa de la habitación, a 15 pisos del suelo de la calle, a 5 centímetros de una muerte seguro, que a pesar de verse tentadora, el accionar automático del cuerpo me hizo lanzarme hacia atrás, morir, no morir, quizá la vida sea sufrimiento y la muerte descanso y nosotros lo hemos visto al revés durante tanto tiempo, quizá por eso mamá se fue, para acobijarse con la muerte, en su comodidad, Liza estaba dormida, tal vez el alcohol la hizo colapsar también, estaba totalmente desnuda, ya el sol adornaba de a poco el cielo, nuevamente fui a la cama, estaba extremadamente cansado y sentía como todo daba vueltas, la cabeza se me iba a partir en dos trozos.
-Te lo he dicho, no lo encuentro- le dijo Jeremy a Ámbar.
-Debes encontrarlo, por favor, estoy muy preocupada Jeremy, está muy triste por lo de tú madre, no quiero que vaya a cometer una locura, tengo miedo de que lo encuentren muerto – suplicó Ámbar a Jeremy.
-Ámbar, hay algo que debo decirte y que es quizá lo que más preocupado me tiene – comentó Jeremy con una cara de preocupación tal que Ámbar inmediatamente se puso nerviosa.
-¿Qué ocurre, se trata de Harry? – respondió con voz asustada, como si le hubiesen dado una de las peores noticias de su vida, o en todo caso, estuviesen a punto de hacerlo.
-Dame un momento, debe tenerlo por aquí…- dijo Jeremy dirigiéndose a paso apresurado a una de las habitaciones del hogar de Ámbar y Harry.
La espera se hizo eterna, una Ámbar angustiada se sentó en uno de los muebles de su pequeña sala a esperar por el mayor de los Jones, 20 minutos transcurrieron en los que Jeremy destruyó casi por completo una de las habitaciones, hasta que lo encontró, entre dos paredes, en una carpeta de plástico que lo mantenía como nuevo, Ámbar se asustó aún más, Jeremy acababa de destruir una pared por algo que tiene que ver con Harry ¿qué tan grave y bizarro debe ser un secreto como para mantenerlo entre paredes? Ámbar siempre creyó que Harry no le ocultaba secretos y efectivamente, nunca lo había hecho, con excepción de aquel.
-Debes estar preparada ¿sí? No vayas a enloquecer – explicó y pidió Jeremy mientras entregaba el sobre.
-Paciente Harry Jones – dijo Ámbar en voz alta mientras leía el contenido – Centro de Atención Psiquiátrica de la ciudad de Londres, Reino Unido – a la esposa del honrado señor Jones le comenzaron a temblar las piernas, las manos y el sudor caía por cantidades, la voz se le quebraba – Trastorno…Esquizofrénico Paranoide… - finalizó Ámbar antes de soltar el sobre y desmayarse sobre la sala de su casa, Harry Jones, era esquizofrénico.
-Es lo que más me preocupa, tiene días sin sus medicamentos y seguramente esté ingiriendo cantidades no sanas de alcohol, temo porque el trastorno de Harry acabe por desencadenarse en algo peor, así que saldré a buscarlo, por favor si logras encontrar algo, llámame. –explicó Jeremy y se marchó en su auto.
Ámbar solo pudo llorar ante el gran secreto que los Jones, quiénes habían sido su familia durante tanto tiempo le habían ocultado, llamó a su madre, quien había viajado a Venezuela y le explicó lo que ocurría.
-…Tranquila mi niña, mañana mismo tomaré el primer vuelo a Londres, debo irme, te amo…- dijo la madre de Ámbar finalizando la conversación, Ámbar más tranquila entendió que solo habría que encontrar a Harry y aplicar su tratamiento, intentar calmarle y todo podría transcurrir normal, como venía siendo hasta ahora.
Ya habían caído las 8 de la noche y aún no había vuelto a casa, ni había atendido a Ámbar ni a Jeremy, incluso creo que perdí mi celular, como he perdido todo, como he perdido la cordura y el control de mi situación, de mi mundo, Liza sigue conmigo, o tal vez no, hace 1 hora no se mueve ni respira, quizá se pasó un poco con la heroína, pero estoy bien, está aquí a mi lado, junto a las botellas de…no sé, es alcohol, no sé, Gordon´s puede ser, sí, aquel alcohol que marcó mi tiempo aquí, Papá y Mamá me acompañan ahora de forma permanente, de forma más diabólica que nunca, pero ya me acostumbré, yo, me veo totalmente esquelético, mi mano, huesuda, ni siquiera sé cómo puedo conducir, Liza debería ayudarme.
-Ey, Liza – le intenté hablar, pero, qué asco, está sangrando por los oídos y la boca, y la nariz, maldición Liza, mi Porchs…abrí la puerta y la lancé a través de ella, nadie va a dañar el último recuerdo de mamá, o al menos nadie debe, eso me dijo ella, mamá culpa a Ámbar de todo, incluida su muerte, ahora mismo me dirijo hacia ella, bueno, hacia mi apartamento, he chocado un par de veces, por suerte, en lugares baldíos, la policía no se ha dado cuenta de que un cadáver andante está por Londres, oh, mi complejo de apartamentos, genial, mamá y papá vienen conmigo y…otros 10 espíritus, tal vez sean amigos de ellos, que mal lucen, que hermosa es mi Pistola Howdah, oh, sí papá, tú Pistola Howdah, quizá el arma más clásica de todo Reino Unido, hecha para matar tigres, leones, seguro puede matar penas también.
-Amor, estás bien – me dijo ella para recibirme, con su máscara de demonio, cree que tras la cara de ángel que me mostró antes iba a seguir creyendo que era así por siempre, no, ahora lo sé todo.
-Mataste a mi madre Ámbar, eres la causante de todas mis malditas desgracias – vociferé.
-¿Por qué dices eso Harry? Por supuesto que no, yo adoraba a tú madre – dijo
-¡Mentira! Ella me mató…- gritó la voz demoníaca que se representaba como Agnes Jones.
Solté una gran carcajada -¿Oíste eso? ¿¡Lo oíste perra!? – Le grité –es tú palabra contra la de mamá.
-¿Oír qué Harry? Me estás asustando amor, me estás haciendo mucho daño actuando así – dijo la traidora casi llorando.
-Mamá te recibió con los brazos abiertos y tú la mataste, pero ella tiene un hijo para vengarse de eso – le dije mientras colocaba una a una las balas en mi Howdah.
Ella caminaba hacia la cocina, de espaldas, hasta que chocó con un estante y no pudo seguir – Ya lo sé Harry, ya sé lo de tú Esquizofrenia, Jeremy me lo dijo, podemos tratarlo, yo te entenderé, yo te cuidaré – me dijo intentado convencerme.
-¿Así como a ella? – le dije.
-Ella cree que eres un loco, demuéstrale que no lo eres, demuéstrale que vas a vengarte precisamente porque sabes bien que te estuvo engañando, dispárale.
Apunté mi arma.
Ámbar lloraba, muchísimo.
-Lo siento, amor - en el reflejo de la cubierta de cristal del horno vi como Jeremy me apuntaba con un arma.
En un rápido accionar me di la vuelta y golpeé a mi hermano, para luego disparar mi arma hacia él y acertar en su pecho.
-¡No! – gritó Ámbar tomando un cuchillo de la cocina y viniendo hacia mí, solo tuve que disparar una vez para acertar en su frente y ver cómo caía sobre mis pies, otro disparo, para asegurarme que estaba muerta, el tercero, cuarto y quinto, para sacar ese dolor de mi pecho, intenté seguir disparando pero no tenía más balas.
Era libre, por fin era libre, había cumplido con lo de mamá, con lo de papá, ahora, era digno de abrazar a la muerte, de sentir la tranquilidad de un mundo sin demonios y sin tormento, sin colores en el aire y sin rayos dentro de la cabeza, subí a la azotea del departamento, 9 pisos, “Oh, I believe in yesterday!” grité a todo pulmón mientras veía las patrullas de policía en la zona donde se encontraba el cuerpo de Liza, tomé un último sorbo de Gordon´s antes de lanzarme al vacío, como Héctor Lavoe, como Tyrone José González, como Ruslana Korshunova. “Soy libre…” pude gritar por última vez y me lancé de lleno, con una gran sonrisa, sabiendo que en el suelo me esperaban mamá y papá.
“Paciente Harry Jones. Internado hace 2 meses luego de un intento de suicidio, esquizofrenia paranoide, culpable del asesinato de Liza Van Sazhs, su señora Ámbar de Jones y un intento de homicidio a su hermano Jeremy Jones, tras lesiones traumáticas en la médula espinal, el paciente ha quedado paralizado del 99% de su cuerpo, no tiene sensibilidad más que en los músculos de los parpados y se comunica a través de estos”.
-Aquí tienes Jeremy, solo debes firmar estos papeles y Harry se quedará recluido el resto de sus días, créeme que cuidaremos bien de él – me explicó el presidente del recinto psiquiátrico
Me invadían los recuerdos de ambos, jugando de pequeños, de todos los secretos que nos confiamos el uno al otro, del momento en el que le detectaron ese trastorno y en el que papá me encargo cuidar de mi pequeño hermano. Como te amo, Harry, pero no puedo ocuparme de ti toda la vida, espero tú y ellos me perdonen, y sinceramente quisiera poder sacarte de esa prisión en la que se ha convertido tú cuerpo, algún día descansarás.
-Listo, doctor, me despediré de él – dije mientras terminaba de firmar.
Pasé a la habitación y ahí estaba, tendido, con su mirada nuevamente normal, controlado, me acerqué y le di un beso en la frente.
-Hermano, aunque nuestros caminos tengan que separarse siempre estarás en mi corazón, y tranquilo, esto que me hiciste no es nada – dije mientras le mostraba la cicatriz en mi clavícula por la bala – yo te perdono, espero puedas perdonarte tú algún día de todo lo que hiciste. Mañana sale mi vuelo hacia los Estados Unidos, tú Porsch se viene conmigo, lo cuidaré bien, siempre estarás presente en mi vida, te amo, pequeño, siempre te amaré.
No sé que habrá querido decirme y nunca lo sabré, pero las lágrimas que brotaron de sus ojos las comprendí como arrepentimiento y como un “Yo también” que me permitirá vivir en paz por el resto de mis días.
Jeremy se alejaba de la única familia que le quedaba en el mundo, en la radio del viejo Porsch, The Beatles se hacía presente nuevamente, en el clima frío y grisáceo de la ciudad de Londres.
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Gran historia e interesante trama, me interesa encontrar más de este tipo.
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