Recordando y haciendo homenaje al profesor Guillermo García Campos con este escrito que realizó en las redes sociales. Hombre sabio, y grandioso ser humano que parió la tierra venezolana.
CARTA A MÁ:
Hace un par de meses di el aventón a una amiga que llevaba a su hijo a tomar el bus que lo pondría en la frontera. Fue un viaje particularmente silencioso entre Cumaná y Puerto La Cruz.Hoy día Josué está establecido en Santiago de Chile, Ciudad a la que llegó por tierra ¡imaginen el resto! Se fue con 150 dólares, un morral y su título UDO de arquitecto. Al segundo día de llegado a aquel país larguiiiisimo, estaba reportado pegando bloques en medio de un frío para él desconocido, pensaba que frío era Caripe; la buena noticia es que ya trabaja como auxiliar en una oficina de arquitectos, conociéndolo y sabiendo de lo enseñado por sus profesores tengo la certeza que seguirá en ascenso, gracias a Dios, y a su empeño, debo decirlo. Eso fue lo que supe de él, de su madre no he tenido noticias desde finales de mayo, a pesar de las muchas diligencias hechas para contactarla. En La Villa, donde vive, nadie sabe de ella, no la han vuelto a ver, un par de amigas comunes se aventuraron a decirme que había abandonado todo y salido sin destino conocido.
Comparto el cuento porque el sábado pasado fui al autolavado, ¡al fin pude! Como la camioneta está perdiendo aceite y no se por dónde, aproveché de, además de lavar el motor en profundo, limpiar las alfombras, ya olorosas a lobo corriendo y, aspirar cojines y limpiar la tapicería en general, actividad que genera apariciones, bolígrafos, bolsitas de chuchería, pañuelos, zarcillos, llaves, tornillos y en general objetos escurridos desde los bolsillos o cojines a lugares inaccesibles al ojo y a las manos. En esta oportunidad el “botín” vino con premio, un tinoquito de a dos, ni idea de dónde salió, un frasquito de esencia de sándalo, del que no me acordaba y ¡una carta! plegada a modo de regleta de tres centímetros de ancho. La abrí, comenzaba de manera directa hablándole a “Má”, lo cual me dejó la incógnita de su destinatario y por su firma “Te amo” sin la certeza de saber quién era su emisor. Los referidos detalles me sugieren que Josué hubiera dejado una epístola a su madre el día de la cola a Puerto La Cruz y que por alguna razón terminara en el rincón donde fuera descubierta por los muchachos de limpieza. De no ser así, no tengo manera de saber ¿cómo pudo el documento ir a parar en mi carro?
Después de algunas consideraciones éticas decidí publicarla por éste canal en principio porque no expone la intimidad de alguien en particular, pero fundamentalmente porque me pareció digna de hacerla conocer como testimonio del drama que a todos nos dispensa hiel.
TRANSCRIPCIÓN DE LA CARTA A MÁ:
“Ma, cuando leas estas líneas ya no tendremos oportunidad de vernos a los ojos como en los momentos que nos regalábamos mientras me ayudabas a preparar la partida. No puedes imaginar el impacto de tu mirada en mi alma, un dulce terremoto que aún remueve mi edificio por dentro, una imagen para siempre. No se si nos volvamos a ver, espero que sí, ese es el plan, el trato; un artificio sobre la base de ninguna certidumbre para ponerle estructura a este mar de emociones en el que me ahogo. Fueron muchas las maromas que hice para mostrarme decidido, fuerte frente a ti, hoy quiero confesarte que jamás habría querido separarme de ti, en ningún caso en medio del desastre que vivimos los venezolanos, me parece injusto, innoble dejarte sola, como me parece horrible irme sin querer, sin siquiera saber a qué ni dónde voy, movido apenas por la idea de que no teniendo mañana en nuestra patria, es imperativo romper el cordón de los afectos, nadar en mares de tiburones para intentar dar soporte digno a la vida. Sabes que lo último que habría querido era dejar el país, sustraer un venezolano más a la lucha por la libertad, aunque sea levantado la banderita amarilla, azúl y roja.
Ya siento pena por tener que sentarme a otra mesa a sabiendas de lo que se compartirá en la nuestra; esas arepas con apenas mantequilla eran dolorosas, las mañanas sin café también lo eran, pero eran nuestras, momentos intensos que nos templaron como familia, si algo temía es que yo pudiera llegar a comer como gente mientras ustedes... Má, te amo demasiado, no se de dónde saco fuerzas para escribirte estas palabras, pensar que quedas sin alguien que te haga los mandados, sin un hombre en casa para reparar el lavaplatos y ayudarte con la navidad. Pensar en mi hermanita me da mucha molestia, privarme de su dulce compañía, de ayudarla en sus clases, de nuestros almohadazos y berrinches de juguete.
Que loco ha sido todo esto, arreglármelas sin má buela, sin tu aroma a cielo y tu inteligencia que tanto bien me ha hecho. En las noches de despedida con los muchachos me preguntaban cómo me las arreglaría sin la chicha, las empanadas y la cachapa con queso, sin los tequeños y sin la ciudad; yo creo que tu supiste formarme para dar la pelea en cualquier terreno, eso lo superaré sin problema, también los años de universidad me ayudaron mucho en eso, lo que definitivamente me será difícil superar es la fractura de nuestro núcleo familiar, es lo que más amo en la vida, mi familia es lo que soy. Mi reto mayor será superar ese impacto, con seguridad el Whatssapp nos ayudará, pero no es lo mismo Má, no es lo mismo. No quiero imaginarme el tamaño de tu cráter espiritual, sin que lo supieras te espié mientras gemías esta partida, tus lágrimas me sabían a puñal, a sangre, nunca me imaginé como fuente de amargura para ti ¡perdóname madre amada!, perdóname, perdóname.
Así como te expongo mi pena quiero expresarte también mis certezas, dónde quiera que yo esté daré lo mejor de mi para honrarte para hacerte orgullosa de lo que construiste, no voy a fallarte, ni a mi hermanita, ni a la abuela, ni a los amigos, ni a mi país, no seré jamás una razón para vergüenza de ustedes, es mi promesa, seré fiel a mi cultura, a mi familia y a mi gente, daré lo mejor de mi a quienes me den acogida, a ellos también los honraré. Salí de nuestro país para oxigenarme, para no pudrirme en maldiciones y desesperanza, pero voy a volver, no sé cuando, pero volveré porque este amor nuestro, como dice Gilberto Santa Rosa “es un amor para la historia” no sé cuando nos volvamos a ver, pero lo haremos, mientras tanto llevaré la severidad de tu apoyo y la serenidad de tu palabra como vanguardia de mis ejecutorias presentes y futuras.
Te amo”
